TESTIGO IMPERTINENTE
En la chistera de la diseñadora cabe de todo, desde un perfume a un columpio
El jueves soltó un sollozo justificado: el arco creativo español respaldó la celebración de sus 25 años de trayectoria
Ese día su objetivo fue aliviar de grises a los políticos
Y Agatha lloró. Fue una lágrima breve como un pétalo, pero lloró. En ella la diseñadora no sólo echó el sentimiento sino la noticia. Muchos todavía no se lo creen. Ver a Agatha moqueando era tan inesperado como lo habría sido ver a su marido bailando un rock and roll. Cinco minutos después del suceso, la feliz noticia volaba en SMS a todas las redacciones. Ocurrió en Burgos, durante el homenaje organizado para celebrar los 25 años del universo agathiano. Una exposición y una cena de gala. A la diseñadora le pilló la cosa entre viaje y viaje. Venía de Puerto Rico y salió despepitada hacia Londres. La sorpresa pudo con ella. Veinticinco diseñadores, representantes de todo el arco creativo español, le ofrecieron su respaldo. La lágrima estaba pues justificada.
Agatha no sólo hace vestidos imposibles. Yo casi diría que eso es lo que menos hace. Los trapos le importan relativamente poco. Ante todo, Agatha es una mujer de espacios. La exposición recoge una muestra del mundo creativo de la artista, desde un váter a una vajilla, un columpio, un perfume, una lavadora. Su universo no tiene límites: estrellas, jabones, sueños, pasteles. En su chistera cabe todo. Personalmente yo destaco la recreación que Agatha hizo del toro de Osborne para la campaña Acción contra el hambre, en Nueva York. Es un toro amarillo relleno de lunares rojos, con un estratégico corazón (también rojo) en el pecho. Doy la pista: si el toro desaparece un día de la Art Bulls for charity, ya saben dónde buscarlo.
La exposición, reunida bajo el título Color, caos, concepto, sorprendió a la propia diseñadora, que alucinó en tres dimensiones. Emocionada (y chutada) sacó la varita y multiplicó los símbolos de su mundo artístico. Objetivo inmediato: aliviar de grises a los políticos que se hallaban presentes, invitándoles a sustituir sus corbatas de oficina por otras más eufóricas. Juan Carlos Aparicio, alcalde de Burgos, aceptó el envite. También Jaime Mateu, delegado territorial de la Junta; Alberto Gutiérrez, director general, y Jesús Ojeda, presidente de la Federación de Comercio burgalesa. Faltó que a Silvia Clemente, consejera de Cultura, le encasquetara una falda-tacatá. Castilla y León es la comunidad más grande de Europa, pero no puede presumir de ser la más lanzada. Agatha lo intentó. Ella agathiza todo lo que toca. Hasta las palabras. El propio verbo agathizar se ha hecho célebre en el entorno de la diseñadora.
A primera hora de la noche, Burgos era un carnaval cromático. Los chicos del coro de Ruiz de la Prada fueron los que más contribuyeron a tal estallido (para ser un chico Agatha no sólo hay que tener imaginación, sino agallas). El periodista Jesús M. Fernández-Montes, principal impulsor del evento, se calzó un atuendo rabiosamente celestial: traje azul y camisa de nubes, como la moqueta del despacho de Pedro J. También colaboró Bibiana Fernández, encargada de oficiar el acto de presentación. Ella iba de agathita (el diminutivo es una licencia poética: nada que ver con el tallaje). Bibi tiene ante sí un verano lleno de bolos. La canción Sálvame, que en su momento no le dio ni para pipas, lleva camino de convertirse en un himno, más o menos como el célebre A quién le importa, de Alaska. En Burgos, Bibiana habló de Agatha y calló sobre sí misma. Enfundada en un traje de tul rosa, parecía una bolsa de algodón de feria.
Los menos lucidos fueron los 25 diseñadores que arropaban a Ruiz de la Prada. Y es que los diseñadores de ropa son muy suyos. A medida que visten a los demás, se desvisten a sí mismos, hasta quedar atrapados en la esencia de una camiseta. Sólo Elio Berhanyer se libra de este principio universal, porque él siempre guarda fidelidad al traje. En el bando opuesto, Juan Duyos, David Delfín, Ion Fiz, Ana Locking Shocking o Antonio Alvarado, ponían su tendencia destroyer. Amaya Arzuaga optó por la equidistancia. Como estaba en su tierra, hizo un esfuerzo de anfitriona y lució su soberanía en negro. Montesinos y Antonio Pernas mantuvieron el tipo. El tipazo, en cambio, corrió a cargo de Martina Klein, musa del viento.
Marbella devora a sus hijos
HISTORIA DE UNA BAÑERA. No hay día en que Julián Muñoz no se asome a los medios de comunicación. Javier Saavedra, su abogado, trata de enderezar la suerte del reo insistiendo en las calamidades de su salud, pero la cosa no cuela. Y es que el principal enemigo de Julián Muñoz es Julián Muñoz. La Audiencia de Málaga acaba de condenarlo a un año de cárcel (a él y a otros ex ediles) por el caso Moansa, del que habían salido con sentencia absolutoria. El tribunal ha aceptado los recursos de apelación presentados por la Fiscalía Anticorrupción, IU y Los Verdes, y de ahí la nueva sentencia. Uno de los ex ediles afectados es Pedro Román, contra quien el juez Torres ha dictado una orden de busca y captura internacional. Román, lugarteniente que fue de Jesús Gil y trincón mayor de Marbella (hasta hace nada se le veía paseando por la ciudad como si no tuviera causas pendientes) ha extendido su patrimonio fuera de las fronteras. Pero si Román no está en París, ni en Miami, ni en las islas Caimán, puede estar de figurante en un puticlub de la costa del Sol, donde un periodista y esta servidora creímos verlo con calcetines blancos y laca en el pelo. A Marisol Yagüe (ex alcaldesa que, según Isabel García Marcos, «está como una cabra») tampoco le alcanza el sosiego. Ahora ha sido condenada a pagar a la constructora Copasur un millón de euros en concepto de reformas en el cuarto de baño. El objeto de litigio, una bañera con «burbujas musicales». Así lo define en el confidencial.com Paloma Barrientos. Y es que, a juzgar por el monto de la deuda, la bañera no estaba conectada con el hilo musical, sino con la mismísima filarmónica de Berlín.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados