Ed Seykota, uno de los padres del trading sistemático mediante ordenador, cuenta que una noche estaba cenando con un habitual de la bolsa y, accidentalmente, tiró un cuchillo al suelo. El invitado observó la caída del cuchillo hasta que éste fue a clavarse en uno de sus zapatos. ¿Por qué no retiraste el pié?, preguntó Ed. A lo que su convidado le respondió: "estaba esperando que el cuchillo frenara la caída y retrocediera".
Quienes de un tiempo a esta parte habían apostado por las acciones de compañías inmobiliarias tenían expectativas parecidas al invitado de Seykota. Aunque desde hacía meses las alarmas se sucedían sin solución de continuidad, muchos inversores optaron por ignorarlas. El jolgorio parecía no tener fin. Revalorizaciones de precios superiores al 100% como las registradas durante el pasado ejercicio -1.000% en el caso de Astroc-, se asumían como normales. Las abundantes operaciones corporativas protagonizadas por firmas del sector -opa de Inmocaral sobre Colonial, Reyal sobre Urbis, Martinsa sobre Fadesa, lucha encarnizada por el control de Metrovacesa, etc.-potenciaron aún más una corriente especulativa que se retroalimentaba. Finalmente, este entorno propició un aluvión de salidas a bolsa de empresas promotoras y de recalificación de suelo a unas cotizaciones difícilmente asumibles en otras condiciones.
Si a estos elementos se añaden unos claros síntomas de agotamiento del modelo de negocio aplicado por la mayoría de inmobiliarias, las subidas en los tipos de interés y la crisis del mercado hipotecario americano, el resultado era una sobrevaloración insostenible en el tiempo. Tras el castigo de la pasada semana, queda ahora por dilucidar si la corrección ha sido suficiente o no.
La respuesta no es sencilla y depende de la evolución del mercado inmobiliario: si los precios de la vivienda continúan ralentizándose suavemente como hasta ahora, lo peor podría ya haber pasado. Pero si -por el contrario-el parón es brusco, el impacto sobre las cotizaciones sería estremecedor. En este sentido, las cifras de actividad del sector y los resultados del primer trimestre que se publicarán durante los próximos días serán claves para estimar la magnitud de la desaceleración. El varapalo inmobiliario -a modo de daño colateralha contagiado a toda la bolsa española, pagando -en muchos casosjustos por pecadores.
Varias razones justifican el atractivo de la renta variable española como destino preferente de la inversión a medio y largo plazo: Por un lado, la actividad económica continúa mostrando signos de vigor, habiendo crecido el PIB durante el primer trimestre de este año a un ritmo del 4% interanual, tasa muy parecida a la del último trimestre de 2006. Por otro, los resultados empresariales, con incrementos de dos dígitos, confirman este dinamismo. Tercero, estas buenas perspectivas están propiciando sustanciales aumentos de la rentabilidad por dividendo. Finalmente, la evolución de las bolsas internacionales también acompaña, habiendo superado el Dow Jones los 13.100 puntos por primera vez en su historia.
No obstante, para aquellos ahorradores que deseen reducir la volatilidad de su cartera, los productos de Inversión Alternativa pueden constituir una buena opción de diversificación. Éstos buscan obtener rentabilidades absolutas positivas, es decir, independientes de lo que suceda en los mercados financieros. Así, un reciente estudio elaborado por Arcano Capital sitúa la ganancia media obtenida por los fondos de capital riesgo en los últimos 18 años en el 15%. Para los próximos ejercicios estima que se conseguirán retornos entre el 10% y el 15%, por encima de las tasas esperadas para los hedge funds y el sector inmobiliario, que no superarán los dos dígitos.
Sergio T. Torassa - Economista y MBA por IESE.

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