ASUNTOS INTERNOS

No sé ustedes, pero yo por ciertas instituciones tengo un respeto. Por ejemplo, hasta anteayer creía que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) era una cosa muy seria. Algo así como el FBI que persigue a los tiburones financieros y que combate la delincuencia de guante blanco en la Bolsa. Pues nada de eso. Resulta que la CNMV es como Falcon Crest, con su trama correspondiente de luchas por el poder, odios, amistades peligrosas y giros imprevisibles en el guión. El protagonista Manuel Conthe, con cara de Tommy Lee Jones, ha abandonado el culebrón montando una escandalera importante y vengándose del coprotagonista, Carlos Arenillas, un ricachón presumido.

Hasta han entrado en escena míticos viñedos como los que poseía la inolvidable Angela Channing. Aunque con más pedigree, porque son franceses. El coprotagonista de CNMV salió a cenar a Zalacaín con un colega indio multimillonario y se bebieron una botella de vino denominada Romanée Conti, por la que pagaron 654,50 euros (108.347 de las antiguas pesetas). Gracias a un alma caritativa que ha filtrado la factura -¿quizá algún camarero que pertenece a los Peones Negros?-, las personas normales nos hemos enterado de dos cosas. Primera: que hay botellas de vino a precio de oro. Segunda: que hay ciudadanos con importantes cargos públicos capaces de beberse en dos copas una cantidad superior al sueldo mensual que le pagan a sus empleadas de hogar. A pesar de todo lo cual, al coprotagonista de CNMV no se le ha caido la cara de vergüenza ni ha dimitido, ni nada.

Menudo ambientazo había en la CNMV. A ver si se hacen públicas las actas -como ha pedido CiU- para que nos enteremos de cómo llegaba Arenillas a las reuniones sobre la OPA de Endesa con el Romanée Conti corriendo todavía por sus venas. Y para saber si Manuel Conthe se atrevía a decirle las cosas a la cara.

No obstante, hay cosas en el guión que no acaban de cuadrar. Por ejemplo, que el caprichoso del Romanée Conti esté casado con una mujer tan seria, discreta y trabajadora como la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, que nunca ha dado que hablar. O que quien le dio el papel de coprotagonista de la CNMV fuera Miguel Sebastián, uno de los tres colaboradores más queridos por el presidente Zapatero, que ha dado mucha manga ancha a sus colaboradores económicos.

Admitiendo que todos tenemos nuestras contradicciones, es muy raro que este nuevo pijerío haya prosperado con un presidente como Zapatero, al que suponíamos más cerca del benefactor Vicente Ferrer que de los hedge funds, el último grito para nadar en dinero y beberse la cosecha de los mejores viñedos de Francia. No parece compatible ser amigo de Antonio Gamoneda, el poeta de la «cultura de la pobreza», y al mismo tiempo alternar con la peña de Arenillas. Si el nuevo presidente de la CNMV, Julio Segura, quiere acabar con el culebrón y hacer honor a su fama de persona seria y solvente, tendrá que mandar al rey del Romanée Conti de vacaciones a la Borgoña para que se encuentre en su salsa.

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