Speaker's corner

Esta semana comí en el restaurante japonés Sake (Tamayo y Baus, 1) con el candidato socialista a la Alcaldía, Miguel Sebastián, su jefa de Gabinete, Isabel Longhi-Bracaglia, y el editor de la revista Zero, Miguel Angel López. Sebastián no se engaña respecto a su poderoso adversario Gallardón, pero está convencido de que puede ganar. Sí se puede es el eslogan que improvisó en un mitin, y los asistentes lo corearon. Es la idea fuerza para aspirar a una victoria improbable. Las urnas son vientres vírgenes que se preñan con votos, no con resultados de encuestas que muy a menudo se equivocan. Es una incógnita saber por quién se decantarán los jóvenes o en qué medida se movilizará el electorado abstencionista. A Miguel se le ve entusiasta y es cierto que se va soltando ante los medios. Pero desde el primer momento le cayó el sambenito de que es un absoluto desconocido, como el vaquero interpretado por Alan Ladd en el western de George Stevens Shane (1953): un forastero del que nada se sabía, pero llegaba y cambiaba la vida de un niño que estaba llena de problemas, tantos como tiene nuestra ciudad. Por ejemplo, el viernes de la semana pasada la galería Mad is Mad (Pelayo, 48) se llenó por él. Se inauguraba Art Toys, una exposición de muñecos de autor, pero lo que movilizó a la gente fue la anunciada visita de Sebastián. Había curiosidad por conocer al gran desconocido, que en la distancia corta gana mucho. Lo comenté al día siguiente con la poeta y escritora Ruth Toledano. Y Poca, su perrita chihuahua, estaba de acuerdo. En cuanto apareció el candidato, empezó a estirar sus patitas temblorosas hacia él ansiosa por llenarle de lametones. Es verdad que lo hace con todo el mundo pero nos pareció una buena señal. A Sebastián le hizo gracia y dijo: «Si los perros votaran, mayoría absoluta». Ruth replicó que los perros votarían a la lista antitaurina, PACMA, en la que ella misma se presenta a las elecciones. En todo caso, quiero creer que ser un desconocido juega a favor del candidato. De Gallardón sabemos quién era su padre, sabemos su origen político y a quién lleva de segunda (y que sería alcaldesa como se vaya él, que tiene muchas ambiciones). Sabemos que cultiva amistades de izquierdas pero que, en palabras de su prima Trinidad Jiménez, «es más de derechas que Aznar». Sabemos mucho de él y poco o nada de Sebastián. Por eso podemos decir con conocimiento de causa que de ninguna manera lo malo conocido es mejor que lo bueno por conocer.

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