ASI LO CUENTAN
Como había dado poco juego la última sesión semanal del juicio del 11-M -muchas mentiras islamistas y el «buenos días, Bruselas» de Gómez Bermúdez, «como si empezara la votación en el festival de Eurovisión», apunta David Gistau en EL MUNDO-, la cobertura se centró en la prospectiva.
Habrá nuevos ataques contra Díaz de Mera, pero no habrá careo entre éste y García Castaño. Las dos noticias nos las daba ayer 'El País', muy diligente siempre adelantando acontecimientos: «El comisario José Cabanillas, al que Agustín Díaz de Mera denunció por escrito como el autor de la supuesta manipulación de un informe que vinculaba el 11-M con ETA, comparecerá en breve en la sala de vistas, también para negar punto por punto las acusaciones de su ex director general. Fuentes del entorno de este policía (...) han confirmado que declarará como perito de los informes emitidos para el sumario mientras estuvo en su puesto y que calificará de 'falsedad' lo declarado por Díaz de Mera».
Y era Ernesto Ekaizer quien se indignaba ante la posibilidad de un careo Díaz de Mera-García Castaño y lo descartaba de antemano: «Los careos son un método en la instrucción sumarial, reproducible en el juicio oral. Aquí, obvio es, no ha habido careo en la instrucción, habida cuenta de que las versiones entre Díaz de Mera y García Castaño no son ni objeto de la investigación ni configuran un hecho nuevo que pudiera arrojar luz sobre lo que se juzga. Se trata, pues, de una cortina de humo en la que el tribunal no picará».
Venía muy cargada de efluvios ayer la columna de Ekaizer, bajo el evocador título de La conspiración del urinario (a conspiración desmontada, conspiración nueva). En ella narra que desde el servicio de caballeros un abogado de la acusación escuchó a finales de marzo a otro colega, «letrado de una de las acusaciones presuntamente víctimas del terrorismo», decirle a otro, éste defensor: «Mira a ver si puedes hacer unas preguntas, ya ves cómo está el presidente». Ekaizer apostilla: «La anécdota indica una cosa: la política ha enceguecido a los abogados que dicen representar a colectivos de víctimas y ya son incapaces de ver dónde está la raya moral que les separa de aquellos que defienden a acusados de cometer la masacre del 11-M».
Luis del Pino, en EL MUNDO, tampoco estaba contento con los abogados, pero por otros motivos: «A lo largo de las últimas semanas, hemos visto cómo los abogados de las acusaciones y defensas que apoyan la versión oficial han renunciado a multitud de testigos. ¿A qué se debe esa prisa por acabar cuanto antes el juicio? ¿Se está apostando por que se emita una sentencia salomónica, que en las actuales circunstancias sería todo un triunfo para una versión oficial claramente devaluada? También llaman la atención las argucias para que ciertos testigos no acudan a declarar».
© Mundinteractivos, S.A.

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