CULTURA

El versátil y colorista museo de arte contemporáneo, obra del dúo de arquitectos Tuñón y Mansilla, elegido el mejor edificio de Europa

«El proceso fue un poco extraño», cuenta el arquitecto Emilio Tuñón, socio de Luis Moreno Mansilla en el estudio que lleva sus apellidos. «Nosotros trabajábamos en el Auditorio de León, que tenía en el programa un pequeño espacio dedicado a exposiciones. A medida que pasaba el tiempo, el cliente nos pedía que ese espacio fuera creciendo cada vez más. Y así, hasta que hubo que repensar el proyecto. Entonces apareció un solar de 18.000 metros cuadrados. Y así nació el Musac».

Al cabo de unos años, aquel proyecto nacido por casualidad, terminó por convertirse en la mejor obra de arquitectura construida en la Unión Europea en los últimos dos años. Así lo anunció ayer el jurado del premio Mies Van der Rohe, que convierte a los arquitectos madrileños en los sucesores de otros premiados, como Rem Koolhas, Zaha Hadid o Rafael Moneo.

«No creo que esto nos cambie mucho la vida», dice Tuñón. «Llevamos 14 años con el estudio abierto y hemos terminado siete proyectos. ¡A medio proyecto al año! Ahora, imagino, aumentaremos un poco el ritmo de producción, pero no tanto por el premio sino porque ésa es la evolución vital lógica de un estudio. En cualquier caso, no nos tienta la idea de ampliar estructuras. Somos 12, como en un equipo de futbolín; así funcionamos bien y así seguiremos».

Pero volvamos al Musac: «Como la parcela era grande, en seguida pensamos en un proyecto horizontal, accesible. Pensamos en la Fundación Gulbenkian de Lisboa, en el Pabellón de España en Bruselas de Corrales y Molezún, en los sistemas matemáticos, en la Mezquita de Córdoba y en las atarazanas de los puertos. De esa melé surgió el Musac como un espacio versátil que puede valer para mostrar arte, para hacer desfiles de moda o para dar conciertos».

Mientras, en el museo, su director, Rafael Doctor, celebra el premio. «La obra es una escultura formidable. Pero también es un espacio expositivo muy difícil que exige mucho esfuerzo. Siempre digo que es un caballo salvaje que tuvo que ser domado... Que aún tenemos que domar cada día, en realidad».

Tuñón se toma las palabras de Doctor como el mejor cumplido. «Un edificio tiene que funcionar, claro. Pero también está bien que cree un punto de inquietud en la gente que lo habita, que los obligue a pensar y a hacerlo suyo cada día».

La idea casa bien con lo que el Musac pretende ser: un museo tan abierto a la calle que no parece un museo. «Es emocionante para unos arquitectos comprobar el uso que se hace del edificio. Nosotros no queremos hacer joyas muertas, edificios exquisitos sin vida. Nos encanta que la gente se vaya a la fachada a hacerse las fotos de la boda. ¡El futuro también cuenta!», dice Tuñón.

El futuro y... el presente. «Este premio también lo interpretamos en un sentido generacional. En España hay una masa crítica de arquitectos entre los 45 y los 50 años que están haciendo las cosas muy bien. Nos han dado el premio a nosotros pero podían haberlo recibido otros estudios. Está muy bien que así nos lo reconozcan desde fuera».

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