LA CRISIS EN EL DEPARTAMENT D'INNOVACIÓ, UNIVERSITATS I EMPRESA
En las discusiones acerca de la conveniencia de mantener la actual Conselleria d'Innovació, Universitats i Empresa o volver a la anterior estructura de una Conselleria d'Universitats i Recerca (y quizá de la Societat de la Informació), el DURSI, una cuestión que ha sido mencionada es la oportunidad que ofrece de estimular la investigación útil a las empresas. Desde esta perspectiva, ya habría habido bastante esfuerzo en nuestro país en investigación bá- sica, y ahora habría que priorizar la investigación aplicada. Esta distinción que quizá hace un tiempo po- día ser útil ha quedado obsoleta en la actualidad. Mantenerla puede acabar siendo perjudicial para los esfuerzos que estamos realizando para tratar de tener una investigación de calidad y que sirva para dar impulso a la innovación de las empresas.
ES PROBABLE que pueda defenderse que existe una investigación que tiene como fin prioritario aumentar nuestro conocimiento. Esta investigación se lleva a cabo esencialmente con financiación pública y da lugar a un conocimiento de acceso abierto. Existe también una investigación que tiene como objetivo mejorar un proceso productivo o poner un nuevo producto en el mercado. Esta se hace principalmente con financiación privada y no se publica, o se hace en forma de patente. Pueden distinguirse estos dos tipos extremos de orientaciones, pero a principios del siglo XXI sabemos que entre ellos no existe una barrera absoluta, sino un continuo que alimenta a los dos tipos de procesos.
La investigación es más útil para las empresas si tiene como base el conocimiento más innovador, y a menudo este conocimiento se justifica por las posibles aplicaciones a las que da lugar y que aparecen durante su desarrollo. Una investigación basada solo en aplicaciones puede acabar siendo mediocre y, por tanto, no sirve para la empresa. Por otro lado, no tiene sentido una investigación básica que no sea de excelencia, y este es un parámetro que sabemos evaluar. Por tanto, hay que hablar de investigación de frontera y de mecanismos para sacar de ella los mejores beneficios sociales e industriales.
En este contexto, la estructura que se quiera dar a la administración de la investigación en Catalunya sería relativamente poco importante. Podemos preguntarnos si la actual estructura tiene que ver con una reflexión estratégica sobre el tipo de investigación o enseñanza universitaria que queremos o es el resultado de un intercambio de parcelas de poder entre partidos. Pero existen modelos en el mundo que indican que las posibilidades son muy diversas. Si el Govern quería dar una señal de la importancia que otorga a las universidades y la investigación, tal vez habría sido más evidente mantener un departamento independiente o ponerlo bajo la dependencia del president o el vicepresident, como la Biorregió. Y la experiencia ha demostrado que los mejores momentos para nuestra investigación han coincidido con la existencia del DURSI, ya sea durante la última etapa de CiU o en el primer tripartito. Pero puede que este no sea el problema esencial.
Otro problema del cambio de departamentos ha sido el desmantelamiento de la estructura interna del DURSI. Esto podría explicar por qué las negociaciones con universidades y centros de investigación han quedado paralizadas. En la actualidad, las aportaciones de la Generalitat se hacen mediante contratos-programa que permiten una programación plurianual, y su negociación se ha parado. Las actividades de las universidades y de los centros de investigación son a largo plazo, y durante el Govern anterior se había hablado de alargar los contratos hasta seis o incluso ocho años, lo que daría mucha más estabilidad a la labor de los centros. Que los equipos que gestionan estos temas cambien como lo ha hecho en los últimos años es perjudicial. Y más aún si los equipos están formados por personas sin experiencia. A menudo sucede que cuando se han dado cuenta de la situación real del país y empiezan a actuar de forma eficaz, les llega el recambio. La pérdida de tiempo y ener- gías como consecuencia de esta inestabilidad es considerable.
PORQUE, además, aquí en estos últimos años tenemos experiencias que han puesto a Catalunya como modelo. Existen nuevos modelos de gestión, de contratación o de creación y mantenimiento de centros en los que participan diferentes instituciones y que es- tán dando muy buenos resultados. Lo que se ha hecho necesita tiempo para asentarse y, por tanto, continuidad en la gestión. Y, para volver a la cuestión inicial, uno de los aspectos más positivos de los últimos años es la relación de los centros de investigación con las empresas. Se han creado empresas, y el número de doctores está creciendo. A menudo, tanto empresarios como doctores en empresas vienen de laboratorios de investigación básica. Sería interesante que estas experiencias fuesen bien conocidas. Experiencias como los Parques Científicos o el IRTA nos demuestran que ya existe gente que sabe cómo hacer que las empresas se beneficien de la investigación.
Lo que necesitamos ahora es continuidad en el apoyo a todo lo que se ha creado, desde los centros que realizan la investigación en la frontera del conocimiento hasta los que resuelven problemas de las empresas. Esto no significa falta de política, pero tampoco la negación sistemática de lo que se había hecho antes. En el programa del Govern de Entesa existe la propuesta de un pacto por la investigación. Que este pacto permitiera poner las bases para una actuación continuada y ambiciosa del Govern a medio plazo ya sería suficiente.
Pere Puigdomènech. Director del Laboratorio de Genética Molecular Vegetal CSIC-IRTA.

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