Manuel Conthe llegó ayer al Congreso premunido de armas de destrucción política bien envueltas en el terciopelo de su tono docto y cultivado. Una primera impresión puede arrojar la equivocada idea de que Conthe se dedicó a jalear a la CNMV («actuó de forma irreprochable durante la larga OPA sobre Endesa» hasta que «se arrugó» frente a Enel y Acciona) o a dilucidar complejas cuestiones sobre el poder y la independencia, que Montesquieu no dejó aclaradas, o a criticar tímidamente al Gobierno. Pero esa impresión sólo se debe a que Conthe no posee la capacidad histriónica que requería un texto como el que llevó al Parlamento, donde las citas y evocaciones iban desde Indalecio Prieto o Jeremías Bentham a la célebre empanadilla de Móstoles de Martes y Trece.

No sé si Conthe era consciente de la potencia de sus afirmaciones, pero la imagen que quedó al final de su comparecencia es que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) es una triste parodia de otros órganos que dicen cumplir la misma función. Por la vía de defender su independencia, quedó muy claro que Conthe y el organismo que preside no ha disfrutado de ella. Y aunque posteriormente insistió en que él nunca se dejó presionar, quedó rotundamente claro que la directora general del Tesoro y el subgobernador del Banco de España actuaron como meros enviados del Gobierno en aquella reunión del 2 de abril donde lo votado por el comité ejecutivo de la CNMV (del que no forman parte estos dos funcionarios) fue enmendado por el Consejo (del que sí forman parte), y, por eso, Enel y Acciona se fueron de rositas cuando pactaron para frenar la OPA de E.ON.

Pero lo peor es el panorama que se deduce de lo que contó Conthe. Consejeros que se avergüenzan de sus decisiones y quieren que éstas sean secretas (y hasta hoy lo han conseguido). Consejeros que, ignorantes de cualquier principio de Derecho Público, argumentan que «lo que no está prohibido está permitido». Consejeros que, cuando les conviene a sus jefes o amigos, se refugian en el «vacío regulatorio».

Pero quizás el párrafo más impactante y el que mejor revela el ethos en el que se desenvuelven organismos como la CNMV es aquél en el que Conthe describe cuál era la imparcialidad del Consejo ante la OPA sobre Endesa: «La buena fe con la que actuamos todos los miembros del Consejo no es incompatible con que nos viéramos influidos psicológicamente por el deseo de que se llegara a esa 'solución española' que había intuido el ministro de Industria en la cadena Ser».

Lo que con su tono aparentemente inofensivo está describiendo el presidente de la CNMV es el estado de ánimo de un falso órgano regulador, de una comisión mediatizada por el poder, de un mero brazo armado del Ejecutivo en el mercado de valores. Pero donde la intervención de Conthe alcanzó niveles patéticos fue cuando recomendó, «para restañar las heridas que ha sufrido el prestigio de la CNMV», la renuncia de su vicepresidente, Carlos Arenillas, a quien pide «un gesto de generosidad y lealtad hacia la institución» porque la independencia no sólo debe existir, sino que debe parecer que existe.

Para justificar esta renuncia ofrece dos razones que cuestionan la independencia de Arenillas: que es el esposo de Mercedes Cabrera, la ministra de Educación (y, por analogía con su Código de Buen Gobierno, el Gabinete del que ella forma parte es «accionista» de la CNMV) y la estrecha relación de Arenillas con los asesores económicos de Moncloa, Miguel Sebastián y David Taguas.

Conthe fue aún más allá ya que también reveló que esos lazos de Arenillas con Sebastián y Taguas «no se han circunscrito siempre al ámbito de lo personal, de la simple amistad o de la militancia política, sino que han trascendido a asuntos concretos en los que Carlos Arenillas actuó como vicepresidente de la CNMV». Preguntado Conthe sobre cuáles eran esos asuntos concretos, reveló que uno de ellos fue el caso de FG Valores, donde se intentó enlodar al presidente del BBVA, Francisco González, con quien Miguel Sebastián tiene cuentas pendientes ya que González lo despidió en su momento del Servicio de Estudios del banco. ¿Hubo más casos? ¿Es posible que un grupo de amigos utilice la CNMV para sus venganzas particulares?

Lo ocurrido ayer en el Congreso no va a tener una buena lectura en Europa y mucho menos en el mundo anglosajón, donde organismos que cumplen funciones parecidas a las de la CNMV tienen una independencia y un respeto bien ganados. La fama de chapuceros que algunos editoriales de la prensa económica vienen criticando, se va a ver confirmada.

Si el crédito de los órganos reguladores españoles estaba en entredicho debido al empecinamiento gubernamental por condicionar el destino de Endesa, las confesiones de Conthe son la puntilla asestada por un testigo inmejorable.

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