Pervez Musharraf. Maestro del doble juego y aliado de Estados Unidos, pero falto de apoyo popular, de Rosa Meneses en El Mundo
No queda muy lejos en el tiempo el día en que el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, se hizo con el poder protagonizando un sonado golpe de Estado el 12 de octubre de 1999. Había sido destituido como jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas por el entonces presidente Nawaz Sharif, quien aprovechó que se encontraba de viaje fuera del país. Sharif prohibió que el avión que traía de vuelta a Musharraf aterrizara en territorio paquistaní. Pero el militar se las arregló para, a bordo del avión, dar la orden al Ejército de tomar el poder. Diez horas después, Musharraf aterrizaba triunfante en Islamabad prometiendo una «verdadera» democracia.
Musharraf instauró una junta militar que luego evolucionó hacia tintes democráticos que se han quedado en simple cosmética. En 2001 se convirtió oficialmente en presidente de Pakistán. Enemigo declarado del radicalismo islámico, Musharraf proyecta una visión moderna, que sin embargo utiliza en su táctica del doble juego. El general sabe adaptarse muy bien a los nuevos tiempos.
Así, supo aprovechar la coyuntura del 11-S y convertirse en uno de los aliados de EEUU en la zona desde el ataque contra Afganistán. Puso a disposición de Washington sus bases militares y su espacio aéreo, jugando un papel clave para que la operación en el país vecino concluyera con la caída del régimen talibán. Sin embargo, no acabó ahí el problema de Al Qaeda para Pakistán. Los neotalibán se han instalado fuertemente en el área fronteriza entre ambos países, donde las tropas estadounidenses y paquistaníes están empantanadas en una encarnizada batalla.
Su fidelidad a Washington, sin embargo, le ha costado el apoyo popular. Las ventajas económicas facilitadas por EEUU no ha sabido trasladarlas a la población. En 2003, sobrevivió a dos atentados, ambos en Rawalpindi. En el último, murieron 15 personas. Algo más de éxito ha tenido en la mejora de las relaciones con la India, aunque los avances de las negociaciones sobre Cachemira aún están por ver. La última crisis que ha puesto su Gobierno en jaque se ha desatado por la destitución, el pasado marzo, del presidente del Tribunal Supremo. A finales de este año, Musharraf deberá decidir si se presenta a las elecciones presidenciales. Aunque lo más probable es que intente renovar automáticamente su mandato por otros cinco años, a través del Parlamento.
Nacido en 1943 en Delhi, entonces capital de la India británica, es hijo de diplomático. Su familia, musulmana, emigró a Pakistán con la partición del subcontinente. Musharraf comenzó su carrera militar en 1964 y fue escalando en este estamento, hasta lograr el máximo cargo. Participó en la guerra de Cachemira de 1971 y combatió a los rusos en Afganistán, época en la que trabó amistad con el mismísimo Osama bin Laden.
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