QUIZÁS uno de los mayores problemas que tiene España por delante es el galopante deterioro de muchas de sus instituciones. ¿Cómo un país que en el resto del continente es visto con una cierta admiración por cuestiones tan diferentes como la transición política o la década prodigiosa de su economía, con resultados que no guardan parangón con países limítrofes, puede estar sumido en una decadencia de instituciones clave como la justicia o bien algunos organismos reguladores del Estado? En alguna otra ocasión me he referido a la politización de instancias como el Tribunal Supremo o el Constitucional y la débil imagen que ofrecen ante los ciudadanos. Ayer, la comparecencia del presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en el Parlamento como condición previa a su anunciada dimisión fue otro claro ejemplo de cómo las instituciones se ven sometidas a un grave deterioro y acaban perdiendo a ojos de los ciudadanos buena parte de su credibilidad. Las palabras de Manuel Conthe, hablando de presiones de los responsables económicos de la Moncloa, pierden parte de su credibilidad al producirse junto a su despedida y haber dispuesto de tiempo suficiente para haberlo hecho público desde que se hizo con la presidencia de la CNMV en octubre del 2004. En la próxima legislatura, porque en ésta la colisión es total, tendrá que lograrse un consenso político sobre varias materias y ésa deberá ser una de ellas.
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