David Halberstam, un icono del periodismo, de Eusebio Val en Los Blogs de La Vanguardia
Estoy convencido de que personajes como David Halberstam constituyen el principal activo de la democracia estadounidense. Una sociedad abierta necesita estas figuras para regenerarse y perdurar. El poder puede ser corrupto y mentiroso, pero mientras existan periodistas dispuestos a explicar la verdad y editores con coraje para publicarla, EE.UU. tendrá futuro. Halberstam, fallecido el lunes en California en un accidente de tráfico, a los 73 años, ha sido un icono del periodismo norteamericano y los grandes diarios le han rendido el tributo que merecía.
Judío neoyorquino e hijo de un médico militar, Halberstam se inició en el oficio en un diario de Mississippi durante la época de la lucha por los derechos cívicos. Siempre pensó que la profesión escogida era un extraordinario privilegio porque ofrecía una educación de por vida y un salario por recibirla. Le gustaba mencionar una frase del jugador de baloncesto Julius Irving, para quien 'ser profesional es hacer las cosas que amas hacer incluso los días en que no tienes ganas de hacerlas'. ¡Qué excelente filosofía!
La consagración de Halberstam llegó tras ser enviado a cubrir la guerra de Vietnam para 'The New York Times', muy al inicio del conflicto. Sus crónicas le valieron el premio Pulitzer en 1964. Su actitud fue íntegra. El joven periodista acudió al Sudeste Asiático con una visión favorable a la intervención estadounidense. Pero la realidad le hizo cambiar de opinión. Su curiosidad le llevó hasta donde otros colegas no llegaban, hasta los destacamentos militares remotos, hasta el testimonio de los soldados en primera línea. Así descubrió que la visión optimista de la guerra que 'vendían' la Casa Blanca y el Pentágono no se sustentaba en los hechos. Sus artículos irritaron al Gobierno y exasperaron a John F. Kennedy y a su sucesor, Lyndon Johnson. Cuando el propietario de 'The New York Times', Arthur Ochs Sulzberger, visitó la Casa Blanca, en octubre de 1963, Kennedy le sugirió que hiciera volver a Halberstam de Vietnam. Sulzberger se negó y dejó claro al presidente que al periódico le gustaba el trabajo de su periodista. Para mostrar la independencia del diario, se instó a Halberstam a que cancelara unas previstas vacaciones para evitar dar la impresión equivocada de que el 'Times' se plegaba a las exigencias de la Administración.
Halberstam escribió más de veinte libros, muchos de ellos superventas. Uno de los más celebres, 'The best and the brightest' (los mejores y los más brillantes'), publicado en 1972, es un clásico. El título en sí mismo se incorporó al acervo lingüístico y sociocultural estadounidense. En él describió el equipo de gente, teóricamente muy preparada y capaz, que rodeó a Kennedy y Johnson y que, pese a todo, cometió el error de enfangarse en Vietnam. Halberstam calificó la intervención como 'la mayor tragedia americana desde la guerra civil'. En sus libros intentó averiguar y explicar por qué se produjo.
Cuando abandonó la servidumbre del periodismo diario, Halberstam volcó su talento en los libros. Trató con la misma rigurosidad asuntos políticos 'serios' y temas deportivos. Escribió libros legendarios sobre baloncesto y béisbol. Los alternó con estudios sobre la guerra de Corea, biografías políticas y un retrato sobre el mundo los bomberos neoyorquinos, 'Firehouse' (2002), inspirado su heroísmo el 11-S. Halberstam murió dos días después de haber dado una conferencia a estudiantes sobre cómo 'convertir el periodismo en historia'. Él fue un maestro en eso. Su último proyecto, inacabado, era una obra sobre el partido de fútbol americano entre los New York Giants y los Baltimore Colts, en 1958, un duelo que ha pasado a los anales deportivos.
La desaparición de Halberstam hace aún más evidente la ausencia de personajes comparables en la prensa estadounidense durante el largo parto de la guerra de Iraq. El trauma del 11-S actuó como una anestesia colectiva, como prejuicio insalvable. El mensaje oficial no se cuestionó, salvo raras excepciones en medios que no eran los de referencia. El monumental esfuerzo de persuasión colectiva previo a la guerra nunca fue contrarrestado. La prensa, rehén del patriotismo y del espíritu post-11-S, tardó en reaccionar, aunque al final lo hizo. Sin las múltiples revelaciones periodísticas y los libros publicados en los últimos años es imposible comprender el actual momento político, con una Casa Blanca enfrentada a la mayoría demócrata en el Congreso y un estado de ánimo nacional que presenta numerosos paralelismos con la larga pesadilla de Vietnam.
