Tener estudios, de Cristina Sánchez Miret en La Vanguardia
En Valladolid se ha archivado un caso de maltrato psicológico porque la víctima -una mujer que denunciaba a su marido porque le controlaba el dinero de forma enfermiza y la vejaba continuamente- tiene estudios universitarios. El hecho deja en una situación de total indefensión a la denunciante y a todas aquellas mujeres que están en su misma situación porque, evidentemente, ante resultados como éste se van a pensar mucho más de lo que ya lo hacen pedir ayuda a la justicia. Si siempre lo han tenido difícil, ahora lo tienen incluso peor. Queda bien claro que esta sociedad no avanza en defender los derechos de la mujer igual que defiende los del hombre.
Lo sucedido, de por sí grave, lo es todavía más porque la decisión ha sido tomada por el juez del juzgado de Violencia contra la Mujer - inaugurado el día 1 enero del presente año-, y por las razones que han llevado al titular del juzgado a tomar tal decisión: ha considerado sorprendente que alguien con alto nivel de formación soporte malos tratos sin poner remedio a dicha situación.
Ya lo ven, va a ser verdad que las mujeres mejor que no estudien porque acaba perjudicándolas. Tanto insistir en la necesidad de que para disminuir la desigualdad entre hombres y mujeres en esta tan querida nuestra sociedad había que estudiar; tanto señalar como una de las causas de la desigualdad el bajo nivel educativo de las mujeres españolas en comparación con el de los hombres españoles, e incluso en comparación con el de otros países más avanzados que el nuestro.
Ahora que ya lo hemos superado - tanto la desventaja con la que partíamos como el nivel educativo general de los hombres-, el mensaje de este juez - y de la sociedad en su conjunto si no se hace nada por cambiar lo que ha acontecido en este caso- se puede leer entre líneas: es decir, tener estudios no os va a servir de nada, en todo caso no os va a servir para la igualdad prometida - esto lo saben ya las mujeres- y además, puede incluso que os perjudique.
Las malas lenguas ya decían que las que estudiaban no encontrarían marido, ahora habrá que añadir que si hemos estudiado no podremos sacárnoslo de encima.
Se mire como se mire, continuamos exigiendo cosas distintas según el sexo. A ningún hombre universitario víctima de una agresión, por ejemplo, en un barrio problemático se le ha negado un juicio justo por el hecho de saber - se le supone que es leído, que está informado, que tiene recursos de actuación y discernimiento claro- que no hay que pasearse a determinadas horas por ciertos sitios.
En la noticia no aparece, pero supongo -y es sólo un mero suponer- que el juez también debe de haber considerado que puesto que el marido es profesor universitario, al ser un ilustrado está por encima del bien y del mal, y que por lo tanto no puede haber tenido un comportamiento tan indigno respecto de su mujer.
Aparte de la desinformación sobre la problemática de los malos tratos y del perfil de los maltratadores que se pone de manifiesto, también es evidente la mala información que tiene este juez sobre lo que supone tener estudios.
Haber ido a la escuela y haber conseguido un título de los más altos en el sistema educativo no presupone ni asegura ser buena persona, ser educado, ser respetuoso, comportarse éticamente, observar los derechos de los demás... ni siquiera asegura hacer bien el trabajo para el que supuestamente uno se ha preparado bien; la actuación del juez es un ejemplo paradigmático -si gusta más, de manual- de esta triste realidad.
C. SÁNCHEZ MIRET, socióloga.
