DOS EN LA CARRETERA
Este intercambio epistolar comienza hoy con la noticia de una fallida cita de Ella con la concejal 'popular' de Lepe y el presidente de Ciutadans de Catalunya, a la que a Él le hubiera gustado asistir. Después hablan de la intervención del presidente del Partido Popular en Televisión Española, y ambos están de acuerdo en que Rajoy estuvo «bien» (Él) y «muy bien» (Ella). Para terminar, al hablar de la Ley de Memoria Histórica impulsada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, los dos acaban acudiendo a los versos de Ercilla en 'La Araucana', aunque Ella sostiene que siempre hay esperanza para el optimismo.
ALMUERZO EN UNA PLAYA NUDISTA DE CADIZ
Querida Cayetana...
Me ha dicho Pedro J. que has invitado a comer a Albert Rivera, líder de Ciudadanos por Cataluña y a la concejala popular de Lepe, María Dolores Jiménez; ¡Qué gran idea! La desnudez une mucho y sería magnífico que tu gestión termine en una relación estable entre los dos políticos que se han exhibido sin tapujos, tal y como Dios les trajo al mundo. Sólo a una mujer tan sagaz y provocadora como tú se le podía haber ocurrido una idea tan periodística. Menudo scoop. Estás en plena forma. Me alegra que salgas por tu propio pie del nicho de Génova.
Según parece, el almuerzo por ti convocado se va a celebrar en una playa nudista de Cádiz o de Huelva, ¿tal vez El Caño? Si permitieras que presencie yo el encuentro, encorbatado como Dios manda a mi generación, asistiría con mucho gusto. Esta Jiménez está mejor de lo que dicen. No es un pan de soraluce pero tiene su encanto. Menos mal, querida Cayetana, que la política se sale de sus aburridos carriles, tan monótonos. El romance entre el político catalán y la concejala andaluza nos divertirá un poco a todos. Que tengas mucho éxito en el celestineo entre Albert y María Dolores y que sean felices, coman perdices y tengan hijos del PP que voten con entusiasmo a nuestra futura ministra de Cultura.
Querido Luis María...
Qué indiscreto es Pedro Jota. El domingo pasado soltó la noticia bomba de que Zapatero, en un esfuerzo precoz de intoxicación, le contó el 11-M la mentira de los terroristas suicidas con varias capas de calzoncillos. Y ahora te ha dicho a ti que estoy organizando un picnic playero para emparejar a famosos streakers políticos. Es verdad que la idea era brillante, pero he tenido que desistir. Mi compañera de Lepe no necesita celestinas y Albert Rivera ya ha encontrado a su alma gemela: un chico, como él, de la nueva izquierda, progresista por la mañana y conservador al caer la noche, de aspecto pulcro, gesto amable y criterio cambiante. No te imaginas hasta qué punto su compenetración es total. Les une un vínculo mucho más fuerte que la desnudez y más profundo que las siglas; les une su programa electoral.
De los 125 artículos de la propuesta de Juan Fernando López Aguilar para Canarias, 115 han sido copiados del programa de Ciutadans de Catalunya. Las dos únicas diferencias reseñables son que López Aguilar se niega a recortar los sueldos de los altos cargos políticos canarios, como propone el pequeño Robin Hood catalán. Y que Rivera rechaza expresamente la política de cuotas de «ista ista ista, Aguilar feminista», que condena a mis aguerridas compañeras de Garachico a fregar platos y planchar camisas. Por lo demás, son las mismas invocaciones, idénticos tópicos, mimética redacción. Lo cual no deja de resultar reconfortante. El Partido Socialista por fin se ha dado cuenta de que en una España de ciudadanos libres e iguales, los programas electorales de las distintas comunidades autónomas son prácticamente intercambiables. Celebremos el fin de las rivalidades estatutarias y los hechos diferenciales. Y felicitemos a Zapatero, que de tanto leer a Borges ha conseguido que el Capitán Trueno se convierta en Pierre Menard.
BUENA ACTUACION EN ESCENARIO COMPLICADO
Querida Cayetana...
Tu querido Rajoy del alma estuvo bien. Su actuación ante las cámaras fue prudente, moderada, convincente, centrada y positiva. No dio todo lo que es, cosa lógica por la tensión de la audiencia. A mí Rajoy me parece mucho mejor que la imagen de su entrevista en Televisión Española. Le faltó su ironía habitual, su mordacidad. Estuvo reiterativo, desconcertado a veces, indeciso en ocasiones, sin rematar con una estocada hasta la bola algunas de las cuestiones que le plantearon. Pero repito que el balance de su intervención resultó positivo y batió de largo a José Luis Rodríguez Zapatero.
El escenario era comprometido y eso es lo que subraya la dimensión del éxito de Rajoy. No es lo mismo el espectacular gol de Messi contra el Getafe en la copa del Rey que el de Maradona frente a Inglaterra en el Campeonato del Mundo. Entre el simpático equipo madrileño y la selección inglesa hay alguna diferencia. Rajoy supo pasar del mitin estruendoso arropado por sus seguidores a una audiencia de millones de personas. Un notable para él.
Estoy a la espera en todo caso, querida Cayetana, de tu invitación para asistir encorbatado al almuerzo que has preparado en la playa nudista de El Caño entre la concejala andaluza y el líder catalán. Es un encuentro de altura que abrirá nuevos caminos al despelote de la política española.
Querido Luis María...
Cuando le preguntaron a un defensa del Getafe qué le parecía que el gol de Messi fuese recordado durante décadas, el hombre contestó: «No me hace ni puta gracia». La anécdota no es muy edificante, pero refleja bien esa falta de generosidad, esa resistencia a reconocer el talento del otro que caracteriza al pueblo español frente, por ejemplo, al británico. Es posible que las respuestas de Rajoy no fueran tan deslumbrantes como el slalom de la laucha argentina. Pero, como escribes, estuvo bien, muy bien. Firme en sus principios, educado en las formas, sólido en los argumentos y cercano a los ciudadanos. Respondió y también escuchó. Y sobre todo hizo trizas el tópico, alimentado por el PSOE, de un Partido Popular crispado y empeñado en crispar a los demás por estrategia electoral.
Me dolió ver a Lorenzo Milá, a quien respeto, perder la paciencia, la calma y la imparcialidad. Y no siempre a la vez. Pero sobre todo me afligió comprobar que existe una operación perfectamente orquestada para estigmatizar la labor de oposición, que, además de moralmente obligatoria, es democráticamente imprescindible. Esta operación lleva tiempo en marcha, te diría que casi desde el inicio de la legislatura. Pero se ha hecho más intensa a medida que se acercan las elecciones: el PP no ha saltado por los aires y está en condiciones de ganar. Nervioso por los sondeos, el PSOE se ha reinventado la máxima absolutista: ahora, «la democracia soy yo». Estás conmigo o contra la convivencia. Si discrepas, crispas. Si te enfrentas al Gobierno, eres un energúmeno, un exaltado y un facha. La misma letanía de preguntas preparadas de antemano por unos ciudadanos cuidadosamente seleccionados.
Cualquiera sabe que es estadísticamente imposible que las 70 preguntas contestadas por Rajoy reflejen fielmente la sociedad española. ¿Dónde estaba la izquierda moderada? ¿Dónde el votante de Zapatero desencantado? ¿Y dónde el centroderecha? Por no hablar de esa derecha extrema, cuya representación sí fue proporcional a su presencia en la sociedad española; es decir, nula. Salvo un puñado de preguntas de índole social, técnica o testimonial, las demás fueron todas a la yugular. Le arrojaron a la cara el 11-M, le restregaron los hilillos de plastilina, le reprocharon la guerra de Irak, le endosaron los aguiluchos, le acusaron de homofobia, le atribuyeron una cruzada anticatalana y hasta le recriminaron que se manifestase contra la liberación de De Juana. Hubo mucho odio en las preguntas y poca voluntad de escuchar las respuestas.
Ahora celebran que Rajoy fuese por fin fiel a sí mismo. Nos dicen que durante los tres últimos años se ha comportado como un ogro barbudo: provocador, subversivo, incendiario, agitador, sin capacidad ni ganas de contener a sus huestes salvajes. Y que gracias a la generosa oportunidad de Televisión Española, ha recuperado su identidad: un señor de Pontevedra, moderado, sensato y de orden. ¿De verdad es creíble esta contradicción? ¿No será que el PSOE lleva tres años manipulando? ¿Por qué nadie se pregunta qué ha movido a un político liberal, defensor de los consensos y respetuoso de las leyes a manifestarse en la calle contra el Gobierno? ¿No será que el que se ha pasado catorce pueblos es Zapatero?
A pesar de los ataques, o tal vez por ellos, Rajoy se despidió del programa entre los aplausos del público. Sólo le quedó por desvelar su sueldo. Quien sí lo ha hecho es José Blanco. Gana 6.000 euros al mes por comportarse en la política como en un plató de televisión: «Hola, soy Pepiño, y tengo un insulto para usted».
Querida Cayetana...
Zapatero es el puntillero del Régimen actual. Acaba de dar el último golpe de verduguillo a la Transición, a la más inteligente operación política realizada en España desde el canovismo. En el año 2004 cambió de socio constituyente, sustituyendo al partido que representa al centro derecha por las pequeñas y voraces agrupaciones nacionalistas, árbitros hoy de la nación española. Suárez,Calvo Sotelo, González y Aznar respetaron, a pesar de las tensiones de la época más agrias muchas veces que las actuales, el pacto constitucional según el cual, en materias relacionadas con el terrorismo, la territorialidad o la política exterior de relieve, los dos grandes partidos actuaban en consenso, representando a más del 80% de la nación. Reemplazado el socio constituyente, Zapatero sobrepasa a duras penas, para esas decisiones clave, el 50 %, junto al partido comunista y los partidos nacionalistas, además de pagar el alto precio que estos exigen.
El acuerdo de la Transición comprendía también mirar hacia el futuro, pasando la página de la guerra incivil y la dictadura. Era la España de la libertad sin ira que ha construido el más fecundo período de libertades y progreso de nuestra Historia gracias a la Monarquía de todos, la que defendió tenazmente contra Franco, desde su exilio en Estoril, el inolvidado Juan III. La ley de la memoria histórica pone en marcha la revancha cainita. Habíamos superado la dialéctica atroz de vencedores y vencidos. Casi nadie desea en España que se reabran viejas heridas y se desentierre a los muertos. Zapatero, sí. Zapatero quiere excitar la crispación hasta sus últimos extremos. Zapatero está esparciendo las siembras de Caín sobre los surcos de España. Zapatero pretende ganar en 2007 la guerra incivil que asoló a España durante tres años endemoniados. Quiere, mi admirada Cayetana, hacer buenos los versos de Ercilla en el canto XXVI de La Araucana:
«Y habiendo ya cantado la victoria/
De los contrarios hados rebatidos/
Quedaron vencedores los vencidos/».
Querido Luis María...
Coincido con tu diagnóstico y coincido con Ercilla:
«Ha de ser, si es público el sosiego,/
pública la razón que le turbare:/
no puede un miembro solo en ningún modo/
romper la paz y unión del cuerpo todo/».
¿Querían los españoles desenterrar a sus abuelos? ¿Había una demanda mayoritaria para anular los juicios y las sentencias del franquismo? ¿Existía una injusticia flagrante que reparar o unas ansias de revancha que colmar? La ley de la memoria histórica refleja bien la forma de gobernar de Zapatero: en lugar de proteger los derechos de las minorías, como es legítimo y necesario, los utiliza como argumento para romper las reglas del juego y generar conflictos en la sociedad.
Pese a esto y a todo, no comparto tu pesimismo. Te escribo desde una Barcelona que huele a mar y primavera. En la radio, aprueban la actuación de Rajoy y en la calle, me preguntan por María San Gil. Les digo que María volverá pronto a la primera línea de combate. Porque es una mujer fuerte y porque son millones las personas que la quieren, admiran y necesitan. Que reconocen en ella a un tipo de político muy poco frecuente en España. Son aquellos líderes que para sumar votos no necesitan coger atajos ni dar golpes de efecto ni desmarcarse de los suyos, sino que generan entusiasmo desde la defensa de sus principios y convicciones. María es el referente de una España joven, tolerante y liberal. De un país que ha dejado atrás las trincheras, las fosas y los nichos porque cree en la democracia y mira hacia adelante. En esa España, Luis María, también hay vencedores y vencidos. La diferencia es que no son los dos bandos de una guerra que terminó hace 70 años, sino las víctimas y los verdugos de un drama que todavía perdura.
© Mundinteractivos, S.A.

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