ASUNTOS INTERNOS

Pues sí. El Mariano Rajoy que vimos el jueves por la noche en TVE fue él mismo. El de hace tres años, quiero decir. Un político moderado, cumplidor de las leyes y defensor de los consensos, una persona educada que incluso piropeó a los que le hicieron preguntas incómodas. Un líder al que no le gustan los sustos, ni las emociones fuertes, ni las improvisaciones, ni las algaradas, ni el café solo doble que te pone cardiaco. No abusó de la ironía ni cometió errores de importancia. Quizá lo del sueldo podía haberlo resuelto mejor. Pero la condición de la mujer que hizo la pregunta -una viuda que subsiste con 300 euros al mes- se lo puso imposible. Hay que imaginarse lo que habría pasado en directo si llega a confesar que gana bastante más de 4.000 al mes.

Dicho lo cual, es procedente preguntarse por qué razón ese político tan sensato y cumplidor que vimos el jueves en TVE es el menos valorado de los líderes nacionales según las encuestas. Y también por qué un sector importante de la sociedad considera que su partido se ha pasado catorce pueblos en la forma de hacer oposición. En suma, por qué hay tanta gente que sitúa ahora mismo al PP más lejos del centro y más cerca de la extrema derecha. «Le veo a usted muy moderado esta noche», le dijo uno de los participantes. «Me está usted dejando asombrada hoy», le dijo otra.

A muchas personas que conocen bien a Rajoy les pasa lo contrario. Lo que le asombra no es este Mariano de toda la vida, sino el de los últimos tres años. Aquel que llamó «bobo solemne» a Zapatero, el de la «traición a los muertos», el de las manifestaciones callejeras todos los fines de semana, el que ha permitido a sus subordinados decir las burradas que han dicho... y todo lo demás. Si hubiera mantenido el discurso de TVE durante toda la legislatura, puede que otro gallo le cantara a su partido a estas alturas.

Esta contradicción entre el Rajoy de los últimos tres años y el Mariano de TVE quedó plasmada en el transcurso del programa. Si asistiría a la boda de un hijo homosexual y le apoyaría incondicionalmente, ¿por qué encabezó la manifestación de los obispos y recurrió la ley del matrimonio gay ante el Constitucional?

Rajoy se confesó «inmensamente feliz» tras el programa. No es para menos. Por primera vez en la legislatura, le ha ganado la partida a Zapatero y a domicilio, siendo menos telegénico que el presidente y tirando más a antiguo que a moderno. Como es hombre justo y cabal, al menos tendrá que reconocer que esa alegría se la debe a una nueva televisión pública impulsada por el Gobierno que preside Zapatero. Él ha tenido el honor de ser el primer líder de la oposición al que TVE le da la posibilidad de dirigirse a más de seis millones de españoles a la vez. Ya le hubiera gustado a Aznar en tiempos de González y no digamos nada a Zapatero cuando gobernaba Aznar. Hablando del rey de Roma, ninguno de los presentes preguntó a Rajoy por la sombra del ex presidente. Es un dato interesante.

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