La Coctelera

Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos, continuación de Caffè Reggio http://www.lacoctelera.com/caffereggio

21 Abril 2007

¿Qué le preguntará éste ahora?, de Víctor-M. Amela en La Vanguardia

Confirmado: nos gusta ver a a ciudadanos del montón apretando tuercas a políticos. Nos gusta ver cómo alguien parecido a nosotros acogota a un político con preguntas del millón o del Un, dos, tres, que si el precio de un café, que si el sueldo de un auxiliar administrativo, que si cuánto cobra usted.

Nos gusta ver al político dudar, sudar, disimular, barbotear, caracolear, inventar escapatorias, fingir naturalidad, hurtar el hígado al gancho de izquierdas. Nos divierte el pequeño drama que escenifica este chat presencial que es Tengo una pregunta para usted, que hasta incrementa sus cotas de audiencia, como si tuviésemos más hambre de acosar a Rajoy que a Zapatero, como si nos excitase más examinar al registrador gallego -repeinado como acudiendo a un examen oral- que al presidente.

Confirmado: este examen público nos gusta el triple que el tándem clásico periodista-político. Porque el telespectador ve al periodista más como cómplice del político que como su fiscal. Político y periodista comparten burbuja a ojos del -¿injusto?- telespectador, y Tengo una pregunta para usted es la aguja con que la pincha.

Eso sí, el subtítulo de Tengo una pregunta para usted debería ser ... pero yo responderé lo que me dé la gana. Por eso propongo que Lorenzo Milá vaya anotando en voz alta: "¡No ha respondido usted a esta pregunta!", y que un marcador registre respuestas a) satisfactorias, b) ambiguas y c) elusivas.

Pero, entre tanto, nos divertimos. La tele quiere lucha, pugna, pulso, riña, tensión. Y aquí está: los segundos televisivos en que Milá invita a un ciudadano a preguntar y el ciudadano se sube el micrófono hasta los labios... son de altísima expectación: ¿qué le preguntará éste ahora?, te preguntas en tu casa. Ahí vive y palpita el suspense, el espectáculo, la televisión en directo, el show.

Te esperas a la pregunta siguiente, y luego a la siguiente, a ver si es la siguiente la que le pega en el mentón al político. Somos así. Y los políticos aceptan el combate, porque saben que les va a mirar más gente que en toda una campaña electoral entera.

La primera vez el golpe fue el precio de un café, esta vez el sueldo de un auxiliar administrativo. Cosas irrelevantes -o no- que no pregunta un periodista político profesional. Que tampoco pregunta a un político cuánto cobra, pues en España eso equivale a preguntarle qué postura le gusta más en la cama. La viuda o el minero (que no miman a ninguna fuente ni temen que les veten otro día una entrevista) son más impúdicos (y lo impúdico es también muy televisivo).

Nuestros políticos, desacostumbrados a cuestiones tan rudas, se escabullen: verles balbucear ("¿eh?") es también mucho espectáculo. Todo por no decir: "un diputado cobra equis, ¡sueldo que nos pagan todos ustedes, muchas gracias!" Bah, ya aprenderán.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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