Zapatero es el único líder europeo invitado por Segolene Royal a participar en su campaña para las presidenciales francesas. Ayer hizo deberes: "Segolene es cambio", tronó ante 20.000 personas y dos pantallas gigantes. Mientras Mariano Rajoy se ataba los machos a las puertas del plató de TVE, donde cien españoles tenían una pregunta para el jefe de la oposición, el presidente del Gobierno pedía el voto para la aspirante socialista a tres días de celebrarse la primera vuelta (no sería necesaria una segunda vuelta en el improbable caso de que algún candidato obtuviera el domingo más de la mitad de los votos).
El 'zapatero' y la 'zapatera', juntos en el multitudinario mitin de ayer en Toulouse. Dicho sea con todos los respetos pero con toda propiedad, puesto que la candidata francesa recibió ese apelativo al convertirse en presidenta regional de Poitou-Charentes y, además, se ha declarado orgullosa de ser comparada con el líder del PSOE ¿Quién le hace un favor a quién? Lo sabremos a balón pasado, aunque en principio resulta chocante la falta de implicación de líderes socialistas europeos en la causa electoral de Segolene. Por tanto, Zapatero habría hecho un mal negocio -recuérdese el "patinazo" Merkel-, si quien alcanza el Elíseo es Sarkozy, buen amigo del ministro Rubalcaba y aliado imprescindible de España, aunque solo fuera por la política antiterrorista.
¿Pero qué tienen en común Zapatero y Segolene, aparte su militancia socialista? De momento, la fragilidad. Son dos ejemplares bien acabados de una época pródiga en líderes de engorde artificial. Pragmáticos, distantes -la arrogancia es un rasgo en la personalidad de la candidata- y adictos a la mercadotecnia. A la espera de elementos de prueba que sólo aportaría la práctica real de la gobernación, en el caso de Segolene, su armazón intelectual e ideológico parece tan volátil como el de Zapatero, aunque más conservador. No desea la "zapatera" francesa, ni mucho menos, exagerar sus diferencias con el candidato Sarkozy, poco partidario de Zapatero, por cierto.
Quede claro, pues, que la distancia personal y política entre Sarkozy y Zapatero es mayor que entre Sarkozy y Royal. Se explica porque en Francia, a diferencia de lo que ocurre en España, los líderes de los partidos no van romperle las piernas al adversario a costa de los grandes temas de Estado, sino a discutir de políticas concretas para mejorar la calidad de vida de los franceses.
Buena noticia, en todo caso, el hecho inédito de que una mujer aspire a la Presidencia de Francia. Solo por eso le cumple lo de 'Zapatera prodigiosa'. La farsa de Lorca, al revés. Es ella la que abandona el hogar del zapatero. En el cuento el zapatero sería Francois Hollande. Si la 'zapatera' llega al Elíseo podría hacer un matrimonio político de conveniencia con Zapatero. Sería el final feliz de la pantomima lorquiana. Y en su eterno femenino, ella no deja de recibir requiebros. "Ya la corteja el alcalde, ya la corteja don Mirlo. Zapatera, zapatera, zapatera te has lucido".

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