LOS TRILEROS FILOLOGOS
Reitero la observación que he formulado en numerosas ocasiones: en Cataluña los administradores de la prosaica cosa pública hacen gala de una inspirada vena lírica y, en cambio, la mayoría de poetas la tienen muy prosaica. Es posible que en todas partes ocurra algo similar, pero aquí el fenómeno alcanza cotas de bastante altura. En el caso de la poesía, muy en especial en la de lengua catalana, parece evidente que los poetas se sienten a gusto combinando dos tradiciones rabiosamente realistas: la de la poesía satírica y periodística decimonónica (contra la que se alzaron modernistas y noucentistas) y la del compromiso cívico filomarxista (más teórico que textual) de la Escuela de Barcelona liderada por Gabriel Ferrater y Jaime Gil de Biedma. Un realismo que se encarna en tonos, léxicos y temáticas perfectamente inteligibles, formuladas casi siempre desde la voz de un yo. Los políticos, por su parte, tienden a aludir a los prosaicos asuntos excesivamente constatables por la ciudadanía -cuando se dignan descender a la realidad del día a día-, en un tono y un vocabulario generosamente trufado con tropos y metáforas más propios del lenguaje de la lírica.
Que ello ocurra así apunta, también, a un fenómeno de difícil demostración, pero muy sugerente: allí donde las expresiones más profundas del sentimiento trascendente (religión, poesía) pasan a convertirse en objeto de chacota social y cultural, la trascendencia se cuela por la ventana, en general en el lenguaje y los sentimientos más irracionales de la política y a sus nociones básicas en torno a la Nación y a sus símbolos.
Todo ello viene hoy a cuento ante una frase de una candidata a las próximas elecciones municipales de Barcelona, reproducida en recuadro por el diario Avui en su edición del día 14. Comprenderá el lector que el nombre de la candidata y las siglas de su partido me tienen absolutamente sin cuidado, porque a efectos de mi observación, la frase podría haber sido formulada con ligeros retoques, acaso con intención contraria, por cualquier otro candidato de cualquier otro partido. La frase, traducida, dice así: «Queremos construir una ciudad de puertas adentro que sea un refugio y un espacio que genere energía para seguir luchando cada día». Pues qué bien.¿La ciudad un refugio con puertas, como en el medievo? ¿Y frente a qué mundo exterior? ¿España, Europa, el mundo árabe, el mundo entero? ¿Para generar qué tipo de energía? ¿Y para luchar cada día contra qué? ¿Contra el mandato bíblico de haberse de ganar el pan con sudor, parir, envejecer, y palmarla por fin indefectiblemente?
Es fácil dejarse llevar por la demagogia si se entra a analizar en términos lógicos (los de la prosa) una lengua poética. Y es que el registro metafórico de la lírica no se dirige a la razón ni pretende comunicar propuestas de realidad real. Por contra, ¿no es el análisis lógico y en prosa de la realidad el lenguaje que debiera ser el privilegiado y propio de la política?
© Mundinteractivos, S.A.

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