14 de abril de 1932. Gijón, mañana destemplada después de hermosos días de sol. El Senado y el Pueblo Gijonés, S.P.Q.G., en expresión jovellana, se aprestan, en el primer aniversario de la proclamación de la República española, a rendir homenaje a los dos héroes de Jaca, los capitanes Galán, cuyo nombre se dio a la antigua plaza del Carmen, y García Hernández, cuyo nombre lleva la antigua calle de San Antonio; hoy, de nuevo en el «santoral» vitivinícola de la vieja «ruta», Santa Lucía (¿Ezquerra?), Santa Rosa, Buen Suceso, que confluyen, por la resaca, en la fuente de agua de la plazoleta de Don Florencio.

En el centro de la plaza de Galán, más horrible ayer que hoy (que lo es mucho), se ha levantado una gran tribuna que a las once de la mañana está rodeada ya de un notable gentío, y en la que, desde minutos antes, se encuentran formados los miembros del celebrado «Orfeón Gijonés», que dirige el maestro Embil, y a la que van subiendo según llegan de la procesión cívica, no sin dificultades por los instrumentos que portan y el «personal» que les dificulta el paso, los profesores de la Banda Municipal del maestro López.

Otra tribuna, al lado del edificio de la Telefónica, tan «inquietante» ayer como hoy (aunque mitad), justo debajo de la artística placa -Gargallo F.- que da el nombre de la plaza al «mártir» de la libertad, está reservada a las autoridades, y en ella «lucen» los bustos de los dos «héroes» que van a ser homenajeados.

Van subiendo al estrado por orden de llegada el concejal Síndico, con el pendón morado de la villa, acompañado por el señor secretario de la Corporación, don Fernando Díez Blanco; los concejales, con su medalla al cuello; los tenientes de alcalde, con su bastón de mando en mano; el Alcalde, que lo es por tercera vez y aún lo será otra cuarta, don Gil Fernández Barcia, de las filas «reformistas», terno, medalla, bastón y sombrero. Muy cerca, los dos jueces de instrucción, señores Bonilla y Siboni, que acaba de procesar al señor Oliveros, director del republicano «Noroeste» por el asunto de «Las Regueras»...

Entre los concejales «reformistas» cabe destacar las ausencias de los señores Morán, Busto y Roces. Muy notable y comentada, la del señor del Río, republicano federal, primer alcalde, que dejó recientemente el cargo, «echando» pestes contra las maniobras de algunos ediles que anteponen el partido al pueblo, y que, a pesar de su elección para la tenencia segunda, sigue descontento; entre los socialistas, justificó su ausencia don Germán de la Cerra. Por el contrario, la Alianza Republicana, del señor Fombona, procurador de los tribunales, que volverá a serlo al regresar del exilio, está al completo. Por la Derecha Liberal Republicana, de sus dos ediles, está presente don Luis Blanc, principal impulsor del «Orfeón». Los ediles «monárquicos», del singular don Rufino Menéndez, que pasará «los quince meses rojos» de la guerra civil asturiana refugiado en el «hospitalillo» de Villaviciosa, bajo el nombre de «Pepe Polledo», haciéndose el «lerdo», como siempre, ausentes. Ni tibios, ni apasionados, en la tribuna están en amigable charla don Francisco Alonso (el popular Paco Urraca), director de la Escuela Industrial, y don Víctor Manuel Pérez Prendes, catedrático de la de Comercio, ambos reformistas. Junto a ellos, jefes y oficiales de la Guardia Civil, de la Armada, de Carabineros, otros profesores de las escuelas y los diputados constituyentes don Carlos Martínez y don Julián Ayesta, tan distintos ideológicamente, pero que, una vez más, como en Luarca, en el último mitin de la «campaña constituyente», vuelven a estar republicanamente unidos, quizá por última vez...

Toma la palabra don Carlos Martínez. Conocido y respetado especialista de pulmón y corazón, republicano radical socialista, que habla de los héroes, afirmando que ellos, con la rebeldía en el alma, pusieron su fe en el ideal republicano y a él entregaron la vida. Rebeldía. Fe. Entrega. La breve oración fue muy aplaudida. Le siguió en el uso de la palabra el ciudadano alcalde: «Ciudadanos gijoneses, festejamos el primer aniversario de la República, que vino sin disparar un tiro, sin causar ninguna víctima... Una República (como hoy mismo ocurre muy mayoritariamente) que todo el mundo llevaba en su corazón». El señor Fernández Barcia terminó con dos vivas, uno a la República española y otro a España. Entre fuertes aplausos y vítores, el señor alcalde descubrió la placa...

Y cuando aún el silencio no se había hecho, de la gran tribuna central salieron las primeras notas y estrofas del «Himno a la libertad» del maestro Torner. Orfeón y Banda: el pueblo soberano haciendo música (que hoy combaten la ministra y el consejero Riopedre). Silencio profundo del gentío descubierto. Libertad. Zozobra. Inquietud. Que la República ya tiene sus muertos.
Mientras, la música de Torner, sueño de la libertad recobrada, perdida con el sacrificio de los comuneros, recobrada el primero de enero de 1820 con la espada de Riego, cuya determinación hizo, afirma Marta Ruiz Jiménez en su «Liberalismo exaltado», posible en el Trienio, el ensayo de «lo proyectado en la época gaditana». Recobrada, otra vez, en la Gloriosa del 68, y en las dos Repúblicas, que, como en el Trienio Liberal, revive, dice Ruiz Jiménez, «la lucha del pueblo por hacerse presente y convertirse en sujeto político». Lucha fallida en 1823; en 1874; en 1936. Y en la lucha por hacernos presentes y convertirnos en sujetos políticos, con las notas perdidas de la Libertad de Torner, siguen los «ciudadanos» libres, pese a la mordaza de los partidos constituidos; pese a la presión de los terroristas y de quienes los combaten en beneficio propio, y de quienes son sus víctimas...

Sujetos políticos, libres e iguales, bajo una nueva Constitución, con nuevas normas electorales, con renovada participación cívica..., para asentar, de una vez para siempre, por la educación y la razón, la adhesión ciudadana a los principios democráticos y a la soberanía civil y laica del Estado; para demandar sentido ético y social, «sin dominación», en las relaciones de producción, distribución y trabajo; para exigir, e imponer con toda severidad si el honor de cada cual no es capaz de garantirla, la más estricta «pureza» en la «conducta pública»; y para defender un régimen de «opinión» sin que los «medios» sean sólo un «negocio redondo», bien al servicio del poder o del capital..., o a la vez de ambos.

República, 14 de abril de 1932, en Gijón... «Himno a la libertad», esperanza de igualdad y fraternidad: Republicanos Liberales de derecha; Republicanos Federales; Republicanos Reformistas; Alianza Republicana; Socialistas... En el exterior, los extremos maximalistas antisistema, quienes ni creyeron ni creen en las urnas. Parte de los que la destruyeron, hoy, sorprendentemente, la festejan... ¡Ojalá sea buen presagio para la Tercera!