La presentación del primer Informe Económico del Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la Bolsa de Madrid dejó ayer tres confirmaciones. Los altos ejecutivos ahorran hasta en los aplausos –casi 20 segundos-, la mujer sigue siendo una rara especie en el ecosistema empresarial –sólo había una lince ibérica entre los invitados del sector privado, Amparo Moraleda, presidenta de IBM- y los altos cargos gustan de rodear al jefe hasta en la sopa: allí se presentaron 106 asesores y cargos públicos, casi la mitad de los 247 asistentes en total.
Cuando Zapatero era el líder de la oposición le gustaba abrir las manos mientras desplegaba su discurso en un claro tono conciliador, como de agrupar a los polluelos entorno a su regazo. Ahora se nota que el peso de la responsabilidad ha dejado huella: a la menor oportunidad, saca el dedo índice.
Hasta en seis ocasiones, el líder socialista esgrimió el dedo de la autoridad ante la élite de los ‘caimanes’, los directivos de las empresas que componen el Ibex 35. Cuando sentenció que “el futuro no llega, sino que se construye”, al hablar de “esta gran empresa de todos llamada España” –aquí el presidente del Senado, Javier Rojo, asentía con la cabeza-, el dedo regresó para subrayar que “ninguna sociedad avanza si no es sumando esfuerzos” y para destacar los principales desequilibrios, alcanzando un ritmo exaltado con las previsiones macroeconómicas de 2007 y quedarse sostenido en el aire ante el “paso de gigante” que ha dado España, colocada ya “en la vanguardia de la igualdad”. Maite Costa, presidente de la Comisión Nacional de la Energía –otra rara avis, del sector público- también le miraba fijamente.
El toque de corneta de Moncloa funcionó. Allí estaban los principales empresarios españoles: llevarse bien con el poder es un axioma en cualquier periodo político, pero muy en especial en este tiempo eléctrico. Y sobre todo si los precios dependen de alguna forma del presupuesto público. El acto resultó deslavazado: muchos de los invitados se enteraron allí mismo que habría un cóctel, no había azafatas, por lo que Isidro Fainé (La Caixa) se perdió entre los pasillos, y el breve aplauso final del discurso sonó más cortés que entusiasta.
Se sentaron como en las bodas. A la izquierda del escenario estaba gran parte de los altos cargos públicos y asesores, encabezados por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y casi todo el Consejo de Ministros. A la derecha, los empresarios, con César Alierta (Telefónica), Emilio Botín (BSCH), José Ignacio Goirigolzarri (BBVA), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) y Luis del Rivero (Sacyr Vallehermoso) sentados en primera fila. En segunda línea estaba José Manuel Entrecanales (Acciona) junto a Rafael del Pino (Ferrovial) y, ya en tercera fila, se veía a Jesús Polanco (Prisa).
En el centro, Rojo junto al presidente del Congreso, Fernando Marín. Miguel Sebastián, ex jefe de la Oficina Económica y ahora candidato por Madrid, se sentaba al lado de la silla vacía de José Blanco, secretario de Organización del PSOE. Faltaron los presidentes de BBVA y Endesa, así como los secretarios generales de UGT y de CCOO. Tampoco estuvieron, porque no fueron invitados, los portavoces de Economía del resto de los partidos políticos. No ocurrió con el presidente de la CEOE, José María Cuevas, que acudió sin sucesor.
Botín acompañó a Zapatero escaleras arriba
Producciones Moraleda alumbró una nueva criatura: el fondo del estrado era un cartón pluma con el título del acto que abrazaba un panel electrónico donde desfilaban las cotizaciones. Los empresarios ignoraban la danza de los números, aunque Del Rivero miró en algún momento las cotizaciones en los antiguos paneles, bien sea por aburrimiento o porque es un hombre hecho a sí mismo.
El pantone del presidente para la ocasión no cambió: traje azul y corbata de azulón zetapé, a juego con los ojos del leonés. Como si de una conferencia se tratara, detrás de Zapatero fueron sentados Pedro Solbes, vicepresidente económico, y Antonio Zoido, presidente de la Bolsa.
“Muchas gracias”. Ese fue el saludo, con apretón de manos, de Emilio Botín al presidente del Gobierno al término de su conferencia. Golpeteo mutuo de omoplatos, gran abrazo y petición de Zapatero para que fueran juntos, escaleras arriba, hacia el cóctel. Así contrarrestó el reciente paseíllo del banquero a Mariano Rajoy, cuando esperó al presidente del PP en la entrada del hotel para saludarlo y acompañarlo al recinto donde iba a pronunciar una conferencia.
Faine y Alierta, entre susurros
La pareja estrella fue el matrimonio formado por Carlos Arenillas, vicepresidente de la CNMV, y la ministra de Educación, Mercedes Cabrera. El primero, ex socio de Sebastián, es el mascarón de proa que arremete contra Manuel Conthe, presidente de ese organismo y gran ausente del acto. Ambos se saludan todos los días, corteses, aunque se crucen cuchilladas.
Otro de los cortejados fue Entrecanales, mientras Emilio Ybarra (ex BBV) paseaba su discreta soledad y Miguel Antoñanzas, posible presidente de Endesa y actual presidente de Viesgo, se mantenía en segundo plano. En un sofá de una sala cercana, alejados de los invitados, Fainé y Alierta hablaron durante cinco minutos en muy voz baja... entre susurros.

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