Los errores de Conthe frente a un comisario político a quien llaman ‘Little sands’, de Carlos Sánchez en El Confidencial
Somos un país tan fantástico que el escándalo sobre todo lo que rodea a las distintas actuaciones de la CNMV en relación a la OPA de Enel y Acciona sobre Endesa ha acabado derivando en una especie de ‘caso Conthe’. Ahora resulta que son más importantes las torpezas -y hasta desvaríos- del todavía responsable del órgano encargado de vigilar el comportamiento de los mercados de valores, que la existencia de un rosario de ilegalidades que pondrían los pelos como escarpias en cualquier país civilizado regido por el principio de la seguridad jurídica.
Veamos. Parece fuera de toda duda que el presidente de la CNMV ha sacado los pies del tiesto sin pensárselo dos veces. De una manera tan impulsiva como su propio carácter: prolijo y poliédrico hasta decir basta. Sólo así puede entenderse su primera misiva dirigida a Antonio Gutiérrez, en la que vinculaba su renuncia a que ésta se materializara ante la Comisión de Economía del Congreso. Como rectificar es de sabios -y Conthe no hace ascos a este apelativo-, el presidente de la CNMV reparó su error pocos días después y admitió que su comparecencia parlamentaria era única y exclusivamente para dar unas ideas sobre cómo podría mejorarse el funcionamiento del mercado de valores español. Una manera piadosa de denunciar que la OPA sobre Endesa se ha llevado por delante los principios de imparcialidad que deben regir las decisiones de la CNMV.
Los errores de Conthe
Conthe se equivocó al presentar su dimisión. Y no como consecuencia de que no tuviera motivos para ello -vaya si los había-. Su gran error ha sido el no dar la batalla desde dentro, informando a la opinión pública de que los servicios jurídicos de la casa, en la inmensa mayoría de los casos, han respaldado sus tesis. Denunciando -y siempre hay instrumentos para hacerlo sin violentar la naturaleza secreta de las deliberaciones- que algunos de los consejeros de la CNMV se comportan más como hombres de partido que como miembros de una institución que tiene en su frontispicio el marchamo de la independencia. Dando, en definitiva, la batalla y propiciando que la ciudadanía conozca los tejemanejes que han convertido a la opa sobre Endesa en todo lo contrario a un ejercicio de fair play, por decirlo de una manera elegante.
La mayoría señala a Carlos Arenillas -Little sands-, como el cabecilla de la rebelión. Como una especie de comisario político que responde a la voz de su amo.
Sería, sin embargo, injusto, responsabilizar únicamente a Arenillas de tamaño dislate. La verdad es que es de juzgado de guardia que dos de los siete miembros de la CNMV -un porcentaje verdaderamente relevante- sean de la órbita del Ejecutivo: la directora general del Tesoro y el subgobernador del Banco de España. Ambos elegidos por el Gobierno.
No me imagino a un alto cargo de Economía, Soledad Núñez, sacando los colores al ministro de turno (ahora le toca a Solbes) sobre un determinado expediente. Y mucho menos al número dos del Banco de España, Pepe Viñals, poniendo en aprietos al vicepresidente del Gobierno sobre una OPA cocinada en Moncloa. Y menos aún a la ex jefa de gabinete de Solbes, Soledad Abad, flamante consejera de la CNMV, poniendo en apuros a su jefe de toda la vida. Y qué decir de Julio Segura, que ha enterrado de la manera más infame aquella rebeldía crítica que atesoraba en sus tiempos del PCE. Y todo ello sin olvidar al citado Arenillas, siempre a la sombra del PSOE, lo cual no sería ningún desdoro si no fuera porque en el momento que prometió su cargo ante la Constitución se comprometió a ejercer con independencia de criterio. Recordando el ‘caso Ramallo’ -un fino jurista, como todo el mundo sabe- podríamos concluir que de aquellos polvos vienen estos lodos.
Éste es el verdadero problema de la CNMV y no el ‘caso Conthe’, que no es más que una consecuencia lógica -y hasta coherente- del funcionamiento de una institución que ni siquiera ha tenido la decencia de cambiar sus normas de funcionamiento para evitar que el mandato de los consejeros dure cuatro años, lo mismo que la legislatura.
Lo más curioso del caso, sin embargo, es que el pasado viernes el consejo de la CNMV se descuelga con un comunicado amenazando con dar publicidad a las actas correspondientes a las sesiones del 26 de marzo y el 2 de abril. ¡Adelante! ¡Luz y taquígrafos! Pero, sobre todo, independencia de criterio por parte de los servidores públicos. De lo contrario, estaremos ante un tongo de tamaño descomunal. Esperemos que, algún día, algún Gobierno obligue a las instituciones públicas a publicar las actas de sus reuniones. Eso es lo que se hace habitualmente en EEUU y Reino Unido, y, que se sepa, no se ha hundido el mundo.
