Los recientes atentados llevados a cabo por miembros de Al Qaeda en Marruecos y Argelia, el juicio por la masacre de Madrid y la severa andanada de Ayman al Zauahiri advirtiendo sobre el relanzamiento de la campaña terrorista han devuelto al primer plano de la actualidad al terrorismo islámico. Más allá del debate que tanto gusta a una parte de la derecha política y mediática sobre la inexistente teoría de la conspiración en el trágico atentado de Madrid - de nuevo otro día 11, como ayer, como en Nueva York, también como en Bombay-, el peligro del terrorismo islámico ha reaparecido abruptamente a muy pocos kilómetros de nuestras fronteras. Eduardo Martín de Pozuelo, buen conocedor del terrorismo islámico, sus redes de captación y su presencia en el norte de África, entrevista hoy en las páginas de la sección de Internacional a Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional y pionero en las investigaciones sobre este nuevo terrorismo internacional que tiene amenazada buena parte del planeta. Garzón es contundente cuando señala que Ceuta y Melilla están entre los próximos objetivos de Al Qaeda y luego sigue su vieja reivindicación sobre Al Ándalus. Pero lo más sorprendente son las dificultades con que la justicia se tropieza permanentemente para investigar un terrorismo de nuevo cuño y donde cada país, actuando por su cuenta, es demasiado ineficaz.