EL MIRADOR

Si el realismo mágico marcó una de las épocas más brillantes de la literatura latinoamericana, el realismo fantástico lleva camino de convertirse en seña de identidad del Govern. Si será brillante, está por ver.

Comparecía ayer tarde el señor Carod, en su calidad de conseller de la Vicepresidència, dando cuenta de lo tratado en el Consell d´Impuls de l´Estatut, organismo puramente consultivo, adecuado, por tanto, para ser escenario del más absoluto desconcierto.

Atrapado por la esquizofrenia de su cargo en el Gobierno y su liderazgo en Esquerra Republicana, Carod hubo de ser sometido a las más sofisticadas técnicas de interrogatorio para finalmente arrancarle que el Gobierno catalán pretende reclamar la "gestión" del aeropuerto de El Prat y no su puro y simple traspaso, lo cual, por cierto, parece más bien difícil, ¿Por inconstitucional, quizá?

Sólo una hora más tarde, cuando quien se apareció a la prensa fue el señor Ridao, correligionario, por cierto, del vicepresidente Carod, los hábiles informadores pudieron, por fin, enterarse de que ERC va mucho más allá de lo que el Govern parece dispuesto a negociar y defender en ese Madrid siempre hostil. Como CiU, PP y Ciutadans no están de acuerdo ni con unos ni con otros - incluso es posible que no estén de acuerdo ni con ellos mismos-, puede ya suponerse que será necesario recurrir al realismo fantástico, para conciliar intereses tan divergentes.