LA ESTRATEGIA ANTITERRORISTA Las reacciones políticas

La presentación de las demandas de ilegalización por parte de la Fiscalía y la Abogacía del Estado contra el partido sucesor de Batasuna es un episodio con el que, seguramente, nadie contaba hace un año, recién iniciada la tregua de ETA. La puesta en marcha del procedimiento legal para anular las nuevas siglas no es sino una muestra del fracaso general de lo que se ha llamado el proceso.

La relación del Gobierno con Batasuna en todo este tiempo ha tenido que ser frustrante ante la incapacidad de conseguir que el partido que lidera Arnaldo Otegi fuera capaz de conquistar un espacio de autonomía para hacer política en lugar de estar permanentemente siguiendo el ritmo que le marcaba ETA.

Desde el inicio de la tregua etarra, en marzo del pasado año, ha habido tres ocasiones en las que los socialistas se han sentido, si no engañados, al menos decepcionados con los líderes de Batasuna de los que esperaban algo muy distinto a lo que luego han hecho. La primera fue en el mes de agosto. Durante semanas, representantes socialistas y de Batasuna habían estado negociando las condiciones en las que sería factible la vuelta a la legalidad del partido de Otegi. A finales de agosto, cuando ya daban por resuelto el asunto, los miembros de Batasuna volvieron a la mesa y dijeron que de lo hablado, nada. Y vuelta a empezar de cero.

La segunda decepción se produjo en octubre y en esa ocasión se vio afectado no sólo el PSE, sino también el PNV. Los dos partidos estuvieron negociando con Batasuna en secreto hasta llegar a un preacuerdo aceptado por los representantes de la izquierda abertzale. Sin embargo, ocurrió como en agosto, tal como relataba ayer el presidente del PNV, Josu Jon Imaz: "De un día para otro, Otegi y sus compañeros cambiaron de actitud 180 grados porque desde arriba ETA les impuso otra actitud". El preacuerdo quedó en el aire ante las nuevas exigencias planteadas por Batasuna que no eran sino las objeciones que había formulado ETA.

La tercera frustración tiene que ver con la inscripción en el registro de partidos de la formación llamada a sustituir a Batasuna, Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB). El Gobierno esperaba algún esfuerzo del partido de Otegi por presentar unas nuevas siglas que pudieran acogerse a la legalidad, pero se ha presentado una formación nueva con todos los ingredientes para que sea rechazada. No se ha hecho el menor esfuerzo para facilitar su aceptación, a pesar de que desde la izquierda abertzale se argumenta que han ido todo lo lejos que podían y que han aceptado al pie de la letra la ley de Partidos a pesar de su desacuerdo radical con ella.

Cuando el PSE o el PNV han hablado con Batasuna, han conseguido acercar posiciones, pero el problema ha aparecido cuando los representantes del partido abertzale consultaban la decisión final con la superioridad, es decir, con ETA. La respuesta ha sido siempre subir el listón echando por tierra lo apalabrado anteriormente.

A la vista de la actuación de Batasuna al promover de manera descarada el partido ASB, en algunos medios del nacionalismo vasco se preguntan si realmente tienen interés en salir de la marginalidad que les impone el estar fuera de la ley o si, por el contrario, lo que han querido es hacer imposible su legalización y, de paso, darle argumentos a ETA en su debate sobre si vuelve o no a cometer atentados.