El edicto, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias
Siempre creí tener claro qué cosa era un edicto, o sea un escrito o decreto publicado por la autoridad del príncipe o magistrado, pero que también en el uso del ius edicendi podían ejercitar cónsules, pretores, legados, tribunos, sacerdotes, censores y gobernadores de provincia. En los primeros tiempos del imperio romano eran anuales, y daban a conocer las reglas de procedimiento que aquellas personas notables que ejercían los cargos se proponían seguir durante su administración.
Con posterioridad, a todos estos mandatarios se les unieron los ediles o curules que, aunque en un nivel más bajo de poder legislativo, habían obtenido la gracia de edictar las órdenes, escritos o decretos, emanados desde la autoridad correspondiente. Edictos célebres hubo miles a lo largo de la historia, por ejemplo aquel importantísimo que se tradujo en un pacto firmado por Felipe II y los rebeldes de los Países Bajos hacia 1570 y tantos, en virtud del cual los españoles invasores se comprometían a largarse de la zona, a cambio de que aquellos conservaran la religión católica y aceptaran como gobernador a Juan de Austria. Se le llamo el "edicto perpetuo", a pesar de lo cual al año siguiente se armó otra vez la zapatiesta, de la que tenemos noticias recientes por la versión cinematográfica de Tano Díaz Yanes, sobre el guión del capitán Alatriste del excorresponsal de guerra Arturo Pérez Reverte.
Que nadie se alarme, porque no pienso pasarme el artículo hablando de Roma, Felipe II, Juan de Austria u otros héroes de enciclopedia de primaria, aunque la verdad es que la historia --incluso como asignatura explicada por cualquier marmolillo- es tan apasionante que me dan ganas de poner en peligro esta sección, por cese fulminante-- o edicto administrativo- de Luis Mugueta, al que mando desde aquí saludos cordiales y, si fuera preciso, mis disculpas. Ya me empiezo a liar.
He dicho muchas veces que el siglo XXI será el enterrador despiadado de los subgéneros literarios, agonizantes por el virus tecnológico del correo electrónico y los mensajes de móvil: las cartas personales (de amor, de ruptura, de despedida, de agradecimiento, de petición de favores, etcétera), las postales (que nos hicieron tan felices cuando alguien nos las mandaba desde París, Roma o Sahagún de Campos), las esquelas mortuorias (tan concisas y llenas de solidaridad humana), los telegramas (soberbios en su concisión y compresión). Expresiones de la más pura literatura, del ingenio más preclaro.
PERO IGNORABA que también el viento de la historia se lleva por delante los edictos, porque a la vista de los que se publican para general conocimiento del público interesado, percibe uno su patética deriva hacia la nada. Vean si no, en que se han convertido los edictos de nuestro ayuntamiento de Oviedo, con el ejemplo de uno que he podido conjeturar (y no entender), gracias a la amabilidad de una amiga que los colecciona cuando contienen elementos singulares que hace de ellos piezas comparables al famoso contrato de Groucho Marx ("la parte contratante de la primera parte será igual a la parte contratante de la segunda parte").
Este fascinante edicto lleva fecha del 12 de marzo de este año y trata -aunque no estoy muy seguro- de un Convenio y Delimitación del Sector del Ambito urbanizable de Las Campas-Paniceres (Expediente 1188-060016). Copio algunas de las prescripciones: 1) "Transformar en jardines la calle paralela al enlace con la Ronda Norte, prevista al oeste de ésta". Esto para hacer boca. 2) "Hacer coincidir el entronque del camino al núcleo de Las Campas con la calle más al oeste de la ordenación perpendicular al Paseo de la Florida". Está claro, no? 3" Soleamiento es lo que van a necesitar los que sigan leyendo el edicto, porque al estupor que produce su lectura va sumándose una palidez mortal en el rostro, como consecuencia del esfuerzo mental realizado para saber si merece la pena ir a vivir "en aquella dirección nortesur", al lado de una serie de bloques reordenados, con escombros por todos los sitios, eso sí, viendo la parte alta del Naranco entre el viario y los corredores verdes, que tienen la enorme ventaja de ser octogonales al Paseo de la Florida.
Menos mal que en la prescripción sexta y última se asegura que se va a "preservar en lo posible el trazado del Camino de Santiago, manteniendo su trazado en las no edificadas". Quién verá a los peregrinos entre las no edificadas? Saldrán por las octogonales o por el ámbito? Menudo viaje les espera. Ah! el autor del edicto es el edil o curul Cuervas-Mons. De nada.
Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura de la Universidad de Oviedo.
