En una inesperada deriva, la actualidad se ha desplazado de pronto de los michelines de De Juana y los viajes en business de Otegi al precio del café con leche en Monforte de Lemos y al misterioso informante del eurodiputado y ex director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera, que debió haber aprovechado la oportunidad que le dio el juez Gómez Bermúdez para llamar a sus seres queridos y, en pleno martirio, decirle a Acebes que lo hacía por él y por España. Está visto que Zapatero no sabe lo que cuesta un cortado pero Díaz de Mera ya se ha enterado de lo que vale un peine.
La actuación del ex responsable policial de PP en el juicio del 11-M ha sido uno de los episodios más bochornosos que se recuerdan. Uno lo siente de verdad no ya por el eurodiputado, que si no pagó los 1.000 euros de multa sobre la marcha fue porque Bermúdez no aceptaba la 4B, sino porque esa torre de Babel hecha con naipes que los señores de la conspiración habían erigido con tanto esfuerzo se ha venido abajo por un maldito estornudo. Es que ya no se construye como antes.
Su deposición en el juicio empezó ya con mal pie, porque Díaz de Mera tiene muy mala cabeza y, por lo visto, sólo mira el reloj en defensa propia. Empezó preguntándole el fiscal a qué hora tuvo conocimiento de los atentados. Su respuesta sorprendió a todos: “A las 7 de la mañana, en el aeropuerto”. O lo que es lo mismo, 35 minutos antes de que se produjeran. Como de su inventiva sí teníamos noticias pero no de sus dotes adivinatorias, el fiscal le corrigió de inmediato. “¿Querrá usted decir a las 8?”, le inquirió. “Sí, eso”. Prueba superada.
Lo que contó a continuación merece cierto detenimiento porque dice bastante de la capacidad de aquella cúpula de Interior. Él, por supuesto, no tuvo arte ni parte en los dos grandes errores de información que se cometieron en los instantes iniciales. El primero fue afirmar que lo que había estallado en los trenes era tytadine con cordón detonante, uno de los métodos habituales de ETA, como hizo el ministro Acebes en su primera comparecencia pública. La responsabilidad de aquella metedura de pata no fue suya, claro, ni siquiera de su segundo, el subdirector general operativo, Pedro Díaz Pintado, sino del comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro, que transmitió un dato equivocado, algo que Cuadro ha desmentido. ¿Que qué hizo Díaz Pintado para deshacer el entuerto y asumir su responsabilidad? “Le dije a Díaz Pintado que se lo contara él al ministro”.
El segundo traspiés tuvo que ver con la cinta en árabe encontrada en la furgoneta Renault Kangoo localizada en Alcalá de Henares. La cinta no contenía los grandes éxitos de la Cabilia ni era un curso de Home Arabic, sino que incluía la azora La familia de Imrán, en cuyas 200 aleyas se describe la batalla que libra el Islam contra sus adversarios. ¿Qué quien fue el culpable de aquel desatino? El traductor, que era un chico “en prácticas”, y los demás debían de estar librando. Así es la vida.
Es preciso recordar que el señor que estaba hablando era el máximo responsable de la Policía en medio de los atentados más salvajes cometidos en nuestro país y con Europa entera esperando la confirmación de una autoría islamista para ejecutar el protocolo de cierre de fronteras. Pues bien, Díaz de Mera dice lo siguiente: “No tenía constancia de que fuera tan importante saber si era tytadine o no”, o si se prefiere, de esta otra forma: “No me planteaba la trascendencia que había entre Tytadine y Goma 2 Eco o sin eco”. Escuchando a este hombre uno aprecia mucho más la labor de Acebes en aquellos días.
Para rematar la faena y hacer más inexplicable su revelación divina en los micrófonos de la Cope, a preguntas del fiscal tuvo tiempo de reconocer que, al margen de las sospechas iniciales, “que yo recuerde ningún dato apuntaba a ETA”. Fue después cuando el eurodiputado decidió ponerse la soga al cuello al negarse a revelar la supuesta fuente del supuesto informe que el comisario general de Información nombrado por el PSOE, Telesforo Rubio, supuestamente había encargado y metido en el cajón porque certificaba los vínculos entre ETA y el 11-M. Es el peligro de echar un órdago a la grande con dúplex de cuatros: que te pillen de farol.
Seguro que Díaz de Mera se ha sentido más que pagado con los palmetazos en la espada que Losantos y Ramírez le propinaron por la inesperada artillería que les regaló, pero su grotesco comportamiento ante las víctimas del atentado le descalifican a él y a quienes le defienden. ¿Le parecieron pocas las garantías del tribunal para proteger a su pretendida fuente policial? ¿Qué respeto tiene este hombre por las víctimas y por la Justicia? Si el informe existe y contiene datos ciertos sobre la relación de ETA con la matanza, ¿no tienen derecho a que se conozca? ¿No estábamos en que queríamos saber la verdad?
Es difícil encontrar escena más lamentable que la de este compungido dirigente del PP balbuceando mientras el juez le imponía la multa y le imputaba un delito de desobediencia. Del año de cárcel es posible que se libre, porque, al tratarse de un aforado, sólo se le podrá juzgar si el Parlamento Europeo concede el suplicatorio. Rajoy tendría que tomar nota: un café no se paga con 80 céntimos pero la dignidad se pierde con una mentira grosera y 1.000 euros para el bote.
escudier@elconfidencial.com

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