La Coctelera

Reggio

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28 Marzo 2007

El retorno de Lluís Llach, de Quim Monzó en La Vanguardia

EL RUNRÚN

Más pronto o más tarde, algún día veremos este titular en un diario, sobre un texto que nos informará de que -en contra de su adiós, este 2007- Lluís Llach regresa. Lo que no significará necesariamente que Llach nos haya engañado. Simplemente sucederá que algún espécimen periodístico aprovechará la edición de un nuevo disco suyo, o la reedición de uno antiguo, o la presentación en público de una composición musical que haya escrito para una obra de teatro, o para una orquesta -lo que sea que decida hacer-, para colocar de inmediato un titular así, antes de que se lo pise la competencia. Un titular que puede tomar la forma de "El retorno de Lluís Llach", pero también la de "¡Lluís Llach regresa!", "¡Vuelve Lluís Llach!" o -en los suplementos modernillos de los diarios- algo así como "Lluís Llach: The Return!". Y lo más probable es que -sea quien sea quien lo escriba- lo hará sin sensación alguna de estar dando volteretas en el tejado. Me gustaría saber qué tanto por ciento de la gente que se ha enterado de la noticia de la semana pasada ha entendido con precisión que lo que Llach ha hecho es retirarse de los escenarios. Dudo que un tipo que ha hecho de la música el eje central de su existencia baje la tapa del piano y no vuelva a levantarla.

Que poca gente entiende exactamente lo que otra gente dice es el pan nuestro de cada día. El señor que ve por televisión a Naomi Campbell (vestida con el traje plateado que se puso tras cumplir la condena de limpiar un edificio público por haber maltratado a una empleada) oye la explicación de la locutora -"El viernes por la tarde, al concluir la condena, la modelo Naomi Campbell no quiso defraudar a los fotógrafos y, antes de salir, se vistió con un traje de noche plateado..."- y le dice a su mujer: "Pues vaya traje más engorroso para fregar suelos". La señora que hojea el diario en el banco del parque lee que "los catalanes reciben el doble de multas que el resto de los españoles" y entiende que los catalanes son peores conductores, no que -como explica claramente el texto- "son los más vigilados de todo el país" y que "recibir una sanción por circular demasiado rápido es el doble de probable en una carretera de Catalunya que en las del resto de España". El becario de periodista que lee en un periódico que a Steve Buscemi le gustan más los espaguetis con berros que los espaguetis con almejas teclea inmediatamente en el resumen de prensa que le hacen preparar en la emisora de radio donde desfoga su testosterona preprofesional: "A Steve Buscemi le repugnan los espaguetis con almejas".

Aunque Llach cumpla su anuncio de no volver a pisar nunca un escenario, a la que componga la banda sonora de un filme o un cuarteto de cuerda (o presente un nuevo vino), saldrá uno que anunciará: "El retorno de Lluís Llach". Dejará así colocada la pelota en el punto de penal para que, inmediatamente, un hormiguero de opinadores -de barra de bar, de weblog, de columna periodística, de tertulia de radio...- remate la faena: "Ya decía yo que era mentira que se retiraba...", "No le deben ir bien los negocios...", "Con las ganas de chupar cámara que siempre ha tenido, ¿cómo iba a dejarlo?". La falta de rigor y el Pórtland mental nos acompañan desde siempre, pero nunca habían tenido tantas plataformas para manifestarse.

Tags: periodismo

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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