Picasso lo declaró solemnemente: «Me acerqué al comunismo como a un manantial de agua fresca». ¿En qué se convirtió ese manantial? En el mejor de los casos, en agua estancada, en charca. Aunque nunca se podrá pasar por alto la ceguera de los intelectuales y artistas acerca de lo opresor y tenebroso que fue el sistema soviético, ceguera en ningún caso disculpable, lo que tenemos ahora es desolador. ¿Qué queda, no ya del comunismo, sino del llamado eurocomunismo? Con muros caídos, o aún en pie, según la visión más o menos obnubilada de los unos y de los otros, ¿qué es hoy la izquierda en España y en Asturias, aparte de una lucha tremenda por sillones desvencijados?

¿Qué pensar ante la crisis que vive IU ahora en Oviedo? Rivi y Celso Miranda están siendo, si no lo han sido ya, desbancados. ¿Quién los va a sustituir? ¿Asistimos acaso a una destitución democrática en clave interna? ¿Qué es lo que aquí se está dirimiendo? Entre don Francisco de Asís, que parece guardar la vieja ortodoxia que en su día defendió Areces en Perlora, y doña Noemí, cuyo bagaje y tonelaje ideológico no se intuye muy oneroso, a qué carta puede quedarse el voto de izquierdas?

Izquierda hundida. Hablando en términos globales, ante la caída del Muro, fallaron los reflejos, entre otras muchas cosas porque el eurocomunismo no había impregnado lo suficiente el discurso de los principales dirigentes hispanos del PCE. De haber sido así, la mencionada caída hubiera sido recibida, cuando menos, sin ningún lamento, incluso con alborozo.

Si para el PSOE, con González y con Zapatero, sólo hay una política económica concebible, y si para quienes dicen estar más a la izquierda, lo posible es, en el mejor de los casos, actuar como una ONG dentro de las instituciones a las que acceden en coalición, pintan bastos para la autoproclamada izquierda plural y transformadora.

Pero no nos desviemos de nuestro más acá. ¿De qué le ha servido a IU gobernar en coalición en Asturias, si ahora el enfrentamiento interno parece inevitable? ¿Qué hace al frente de la nave don Jesús Iglesias, sombra de Areces durante años en el Ayuntamiento de Gijón y primer candidato de IU que no obtuvo en Asturias los votos suficientes para ser elegido representante de su partido en el Parlamento español? ¿Qué discurso tiene doña Noemí? Por su parte, Valledor, que empezó de consejero estrella del Gobierno asturiano, ¿se considera satisfecho de su paso por el Ejecutivo autonómico?
Viajes de Valledor, viviendas de doña Laura. El primero, como virtual consejero de Exteriores de un Gobierno con el que tuvo constantes desencuentros. Doña Laura, por su parte, haciendo de ONG del susodicho Gobierno. Frente a ellos se diría que está la ortodoxia comunista. Me gustaría saber qué valoración hace a día de hoy don Francisco de Asís del sistema soviético. ¿Lo defendería?

La división interna afecta, hasta donde sabemos, a Rivi y a Celso Miranda. Siento verdadero aprecio por el primero, a quien he venido tratando esporádicamente. Conoce bien, sin duda, todo lo que es el gabinismo. En su momento fue la única oposición, cuando Álvaro Cuesta hacía de concejal visitante y cuando, más recientemente, el señor Bustillo se afanaba y se desvelaba en pro de la Monarquía española y de la Fundación que la apoya en Asturias.

Pero el problema no radica en que Rivi y Celso Miranda sean en este momento las personas más idóneas o no para encabezar la candidatura de IU al Ayuntamiento de Oviedo. No es eso lo que se ventila aquí, sino una especie de purga por pertenecer al sector enfrentado dentro de la coalición de izquierdas.

Es deprimente el espectáculo de una izquierda que en parte importante no parece haberse desprendido de sus viejas querencias prosoviéticas, y que, de otro lado, rebaja lo ideológico a la categoría de anécdota. La izquierda que necesitamos no es en modo alguno la prosoviética. Tampoco lo es aquella otra que ideológicamente hablando va demasiado ligera de equipaje y se queda sólo en lo ornamental. La izquierda que necesitamos no existe, o, al menos, no preside el debate.

Ni la vieja guardia de un experimento que fracasó allí donde tuvo poder, enrocada también en un castrismo que se hace indefendible y que se convierte en horterada cuando se exhiben camisetas que llevan en nombre de Eliansito. Ni tampoco el envoltorio de lo folclórico en una caja donde faltan ideas y proyectos claros.

¿Qué es la izquierda hoy? ¿Acaso una versión bufa de los grupúsculos que debatían sin cesar unos contra otros en aquella inolvidable película que tiene por título «La vida de Bryan»?

¿Y qué operación política hay aquí? ¿Convertir a IU en nuestro más acá en una especie de Iniciativa por Cataluña a la asturiana, con Valledor haciendo de Ribó? ¿Y para eso hay que arrojar a gentes a las cunetas? ¿No fue posible lo deseable: un congreso donde se discutiese ideología y se decidiese democráticamente?

¿No es la purga interna, de uno y otro lado, una forma de espantar al electorado hacia la abstención, e incluso hacia la ácida lucidez del voto en blanco?

Lo dicho: del manantial a la charca.