DEBATE
Aquellos que creen que la escasez de agua será el desafío del siglo XXI no están exagerando. El reciente debate sobre una propuesta para transformar aguas de desecho en agua potable en Australia, el que se estén secando partes importantes de acuíferos impresionantes como los del lago Chad en África o los del mar de Aral en Asia Central, los millones de personas que luchan por cultivar en tierras afectadas por la sequía en Asia, África y en las Américas, son expresiones de la importancia que tiene la conservación del agua y el hacer un uso más productivo de este recurso.
El tema del día mundial del Agua (22 de marzo), Afrontar la escasez de agua, ha sido mucho más que una manera simple de concentrar la atención en este tema. Ha sido una manera específica y categórica de hacer un llamamiento a la acción.
Durante mucho tiempo el agua ha encabezado la lista de prioridades de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que ha sido la agencia responsable de coordinar este año la celebración del día mundial del Agua. La FAO reconoce que al ser la agricultura el principal consumidor de agua del planeta, le corresponde al sector agrícola tomar el liderazgo en la búsqueda de soluciones a la creciente demanda global de agua.
La agricultura consume cerca del 70% del agua dulce utilizada en el mundo, porque sin agua no habría agricultura. Esta cifra se acerca al 95% en muchos países en desarrollo, donde se encuentran cerca de las tres cuartas partes de las tierras irrigadas del mundo. El mejoramiento de la situación alimentaria es fundamental para combatir el hambre y mejorar las condiciones de vida en todos los continentes. Esto significa que, para cambiar el curso de las cosas en relación con la escasez del agua, los agricultores deben encontrar modos de producir más alimentos con una cantidad proporcionalmente menor de agua. Se necesitan entre 1.000 y 2.000 litros de agua para producir un kilo de trigo y entre 13.000 y 15.000 litros para producir la misma cantidad de carne de vacuno alimentado con granos. En comparación, la cantidad de agua potable que necesita diariamente una persona se estima entre 2 a 5 litros apenas, en circunstancias en que cada día comemos un promedio de 2.000 litros de agua. Así, el consumo de agua diario efectivo por persona es mil veces superior a la cantidad estimada de agua que ingerimos. Sin agua, no podemos producir, y sin ella simplemente no podemos comer. El planeta está sediento porque sufre hambre.
El crecimiento de la población mundial está contribuyendo al aumento de la demanda de agua. Se espera que la población mundial crezca de los actuales 6.500 millones de personas a 8.100 millones en el año 2030. Para mantener el ritmo de la creciente demanda de alimentos, y calculando un aumento en la productividad del agua, se estima que para el año 2030 un 14% más de agua dulce deberá ser destinada a uso agrícola, a fin de obtener ese 55% de aumento en la producción de alimentos que se necesita.
El cambio climático está implicando nuevos desafíos, del mismo modo como lo plantean el desarrollo y la tendencia hacia la urbanización, que crecientemente exigen que, a la tradicional demanda de agua para la agricultura, se agregue ahora una mayor demanda de agua para la industria y los hogares.
El acceso al agua puede ser un problema incluso en áreas con abundantes recursos de agua dulce, por lo que se comprenderá que la escasez de agua es muy seria en las zonas más secas del mundo, donde habitan más de 2.000 millones de personas, y la mitad de toda la gente pobre. Hay escasez aguda de agua en países de Oriente Próximo y el norte de África, como también en México, Pakistán, Sudáfrica y vastas regiones de China e India.
En años recientes ha habido un consenso creciente en que las políticas internacionales, nacionales y locales deben ser coordinadas para hacer más efectivo el uso de los recursos de agua en la agricultura, la urbanización y la industria. Países tan diversos como Sudáfrica, Turquía y México se han volcado a la ejecución de proyectos pilotos y programas de riego en pequeña escala y al desarrollo de sistemas comunitarios para cosechar aguas de lluvia y para proteger estanques que alimentan cursos de agua. Pero todavía hay que recorrer un largo camino para proteger los recursos de agua. A nivel mundial, 1.100 millones de personas no tienen acceso a agua limpia suficiente y 2.600 millones no tienen acceso a sistemas de saneamiento adecuados. Cada día 3.800 niños mueren a causa de enfermedades asociadas a la falta de agua potable y de condiciones sanitarias dignas. El acceso al agua está estrechamente vinculado al logro de la mayoría de los objetivos de desarrollo del Milenio, que quieren disminuir a la mitad para el año 2015 la extrema pobreza y el hambre, asegurar la educación primaria a todos los niños, y lograr la sostenibilidad ambiental.
Pero el acceso directo al agua para producir el propio alimento no es posible para cada país o región. El mercado internacional de alimentos sirve como un vehículo importante para exportar agua virtual desde regiones exportadoras con abundantes recursos de agua a regiones importadoras deficitarias en este recurso. De hecho, cualquier importación de alimentos equivale a una importación de agua en una forma concentrada. El comercio de agua virtual no sólo es potencialmente beneficioso para los países importadores sino también para el manejo global del agua por dos razones. En primer lugar, uno de los principales productos de importación son los cereales y éstos pueden ser producidos con menos agua en países que tienen una alta productividad de este recurso. En segundo lugar, el grueso de los granos importados se produce en zonas templadas de secano, y está, por lo tanto, sólo consumiendo la humedad del suelo y no el agua de superficie o subterránea que puede ser destinada a otros usos.
Como comunidad global, tenemos la capacidad de ir más allá de respuestas circunstanciales sobre la escasez de agua, desarrollando una gestión sólida y permanente de nuestros recursos hídricos. Transformar esa capacidad en resultados concretos requiere de recursos financieros, voluntad política y una cooperación duraderas.
JACQUES DIOUF, director general de la FAO.

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