ASI LO CUENTAN

Como era previsible, la prensa oficialista exultaba tras las comparecencias de ayer: 11-M: seis policías confirman que la mochila de Vallecas estuvo siempre vigilada, titulaba en portada ABC. El País decía prácticamente lo mismo en páginas interiores.

Debe ser, a estas alturas, la falta de familiaridad de muchos periodistas -los que llevan tres años sin ocuparse del asunto, no han seguido el sumario y entran de nuevas a cubrir el juicio-, pero el caso es que este tipo de informaciones se queda en el periodismo declarativo tantas veces (y tan justamente) denostado en nuestro país, sin poner las declaraciones en un contexto crítico. Y, en este caso, había muchos elementos sustanciales que deberían haber matizado titulares y noticias. El más importante: que por mucha voluntad que le echaran los policías (y no le echaron demasiada, aquejados de frecuentes brotes de amnesia), no podían demostrar lo indemostrable.

El Mundo sí que lo subrayaba: «La fiscal Olga Sánchez intentó demostrar ayer que no se rompió en ningún momento la cadena de custodia de los efectos recogidos en la estación de El Pozo, entre los que supuestamente se encontraba la mochila de Vallecas. Y lo hizo sin llamar a declarar al inspector jefe [Miguel Angel Alvarez] que, por orden judicial, era responsable de esa custodia». A esa ausencia «se suma la de los agentes o mandos de la Policía Científica, que indicaron dónde depositar los bultos en Ifema, y de la Unidad de Intervención Policial (UIP), que custodiaron los efectos allí almacenados», así como la de «quienes se encuentran en el otro extremo de la cadena de custodia, los encargados de introducir los objetos que estaban en el andén en unas 'bolsas de basura grandes, de tipo industrial y color oscuro'».

Nadie vio la bolsa en El Pozo, nadie sabe cómo llegó a Vallecas, ¿y siempre estuvo vigilada?

El comentarista de El País acusa a los abogados de seguir «la estrategia del calamar» para emborronarlo todo. ¿Como su periódico, que ni publica la información sobre la bronca de la fiscal a una víctima del 11-M? Claro que, la víspera, el mismo comentarista clamaba contra «el mayor juicio paralelo jamás montado», cuando su propio diario dedicaba dos páginas completas a reescribir el juicio de la operación Puerto sobre dopaje en el ciclismo... Eso: la paja en ojo ajeno.

La exclusiva del día, en el mismo periódico (muy completo ayer): El marido de una víctima mortal del 11-M rechaza las teorías conspirativas. Las rechaza porque la víctima tenía un clavo en la cara y la versión no oficial apunta a que no hubo metralla. Un clavo en un tren no es raro; lo raro es que, si los explosivos hubiesen ido cargados de cientos de clavos, como la mochila de Vallecas, no hayan sido centenares los muertos y heridos acribillados con clavos...

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