Calles tomadas con banderas y estandartes. Baños de masas al estilo de la plaza de Oriente. ¡Ah de España! ¡Ah de la familia! ¡Ah de la justicia! ¡Ah de la enseñanza! El líder Rajoy, flanqueado por nuestro hombre en las Azores. También por Acebes, Zaplana, Ana Botella y compañía. Zapatero o la destrucción de lo más sacrosanto.

Romeros del PP que van de fiesta en fiesta y de plaza en plaza. Política de pancarta, tan criticada por ellos cuando gobernaban. Política de estandartes y procesiones. ¿Qué hay en su discurso, además de catastrofismo? ¿Qué mensaje dirigen a la sociedad española que se los encuentra cada día en los medios de comunicación?

Baños de masas de Rajoy. Comparecencias de Acebes y Zaplana. Intervenciones de Aznar en plan reina madre ofendida. Aznar, don José María, que convirtió en farándula una boda familiar, que hizo el más afrentoso ridículo hablando en chicano en USA y retratándose en las Azores, que pisa Universidades estadounidenses soltando perogrulladas de libros de texto escolares del franquismo. Que, vive el cielo, no es Américo Castro.

Romeros del PP. Lo suyo es el colorido. Lo suyo son las romerías. Me parece fantástico que se diviertan, pero me produce sarpullidos que el principal partido de la oposición sea así de casposo e impresentable. No cabe duda de que Zapatero deja flancos abiertos para ser criticado, incluso vapuleado dialécticamente. Pero la política que hace el PP es de ruido y furia de romería casposa a ritmo de pasodobles.

Hela ahí. Es la nueva furia española que da el salto de los campos de fútbol al asfalto de las ciudades. Ellos, que hablan contra el resentimiento que a su juicio supone recordar las heridas de la guerra civil, utilizan el dolor de las personas cercanas a quienes sufrieron la embestida de la hidra terrorista. Ellos, que ponen en primer plano la Constitución de 1978 a la que tantos reparos pusieron, en lugar de discutir y argumentar, organizan fiestas semanales en las ciudades de España. Ellos, que se afanan y se desvelan por el llamado sistema educativo, ofrecen espectáculos bochornosos en el Senado cuando era visitado por el alumnado de un colegio.

Ellos, romeros del PP. Todos sus estandartes. Toda su impedimenta. Toda su cohorte. La calle es suya. La algarada, también. Más allá de la crispación, que tanto fomentan, la suya es también una política de charanga y pandereta.

Perseveran en el error, incurriendo en una necedad preocupante. ¿Ha perdido perdón Aznar por haber implicado a su querida España en la guerra de Irak, basándose en sus rotundas afirmaciones acerca de la existencia de armas de destrucción masiva en aquel país? ¿Ha mostrado en algún momento la más mínima y exigible consternación Acebes por haber sido el ministro del Interior cuando se produjo el atentado más sangriento de la historia de España? ¿Entra en los planes del señor Pujalte mostrar un poco menos de chabacanería en sus actuaciones públicas?

Romeros del PP. Bisutería histórica. Retórica histérica. Hacer de la política pasodoble callejero. Hacer del discurso político rumbas plañideras. Su himno, sus banderas, su España cañí. ¿Es ésta la derecha de un país europeo? ¿No son más bien los coros y danzas del poema machadiano que hablaba de un mañana efímero?

Romeros del PP. No se dan cuenta de que, ¡ay!, en su fiesta de fandangos y alegrías no cabemos todos. Ni queremos tener cabida. ¿Así entienden el espíritu de consenso de una Constitución que idealizan y que salió adelante no sólo por ellos, sino también a pesar algunos de ellos? ¿O qué digo, don José María?