Decía Antoni Puigverd en un artículo reciente: "Llegará un momento, en esta legislatura, en el que este país reclamará autoridad moral. ¿Está en condiciones José Montilla de conquistarla y de ofrecer a la sociedad catalana un potente liderazgo?". Bien, ignoro si esto pasará, pero hoy lo dudo y no por Montilla, sino porque creo que nuestra sociedad fuera del ámbito político y cultural, tan inútilmente revueltos y ganduleantes, se encuentra madura o tranquila, ocupada en sus vidas. Y que expresa así el camino moral, nacional o regional que desea seguir, al margen de teoremas y navajas barberas.
Aunque habría que aclarar el concepto de moral que invocamos, pues ¿para lograr un aeropuerto transoceánico necesitamos tal liderazgo o una mejor entente o comunidad de objetivos con Madrid? Allí cuando se trata de intereses catalanes no importa que gobierne PSOE o PP, y sobre ellos están el Estado, sus grandes instituciones y empresas, la banca. Mientras la actitud catalana se limita a la machada verbal, a confundir economía con política, a reiterar lloriqueos e idealismos a la Buena Juanita. Lo que sirve muy poco, se ha visto con el Estatut.
Por lo que habrá que idear más decididas complicidades en el seno del Estado, dirimiendo antes lo sustancial de lo accidental, pero sin elucubrar hipótesis y exigir a los demás que las resuelvan. Así, ningún político debería hablar sin un empresario al lado. En cuanto a la intra Catalunya lo que se necesita es una buena gestión, no una redención. La cual se ocupe también de los contenidos identitarios y simbólicos como hace España. Porque si la Generalitat sólo se dedica a la cuestión social, como prometen Montilla y Carod, sólo cubrirá la mitad del arco que ya tendió CiU.
Pero la experiencia muestra que la izquierda resulta mejor como oposición que como gobierno. Su cultura es comecocos y gremial, no laboral ni analítica. O ha sido así hasta ese "valor se le supone" a Montilla, porque si la discreción calma los nervios, como la tila, no es un bistec. Luego, yo preferiría un proyectazgo y un gestionazgo a un liderazgo, o sea, un bistec y sin clembuterol, que no se desintegre en agua, como tantos nos venden sin que la Generalitat lo controle.
Además, no vale decir que ahora se trata de sustituir el liderazgo de Pujol, pues en su tiempo presidencial el contraliderazgo de la oposición fue superior en muchos ámbitos. La prueba reside en que el tripartito pese a su jaleo inicial, volvió a ganar, el caldo de cultivo es suyo.
Sin embargo, Puigverd puede tener razón. O, más peliagudo, quien puede acertar es F.-M. Álvaro, que en otro artículo contemplaba una Catalunya enteramente descosida.

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