El proyecto del Gobierno del Principado para Oviedo, Siero y Llanera no cuenta con los alcaldes y agrupa viviendas e industria
El Gobierno regional ha logrado sorprender a todo el mundo con un macroproyecto urbanístico que afecta a Oviedo, Siero y Llanera. Sin que nadie lo supiera, desde la Presidencia y la Consejería de Infraestructuras se trabajaba para elaborar un denso plan que comporta la edificación de más de 9.000 viviendas en tres nuevas urbanizaciones, la implantación de líneas de tren-tranvía en los tres concejos y la construcción de relajantes bulevares, con árboles, zonas de uso agrícola, y tal y tal y tal. La portavoz del Gobierno, Ana Rosa Migoya, resumió la ambición del plan al definirlo como el «proyecto más importante de Asturias de los últimos cincuenta años».
Lo primero que llama la atención es que tratándose de la más importante empresa de los mandatos de Álvarez Areces se haya podido elaborar sin que supieran nada los alcaldes de los tres concejos, el socio del Gobierno regional (IU), la oposición política (PP), la Fade, los sindicatos y hasta el propio Partido Socialista. Nadie sabía que se gestaba el gran proyecto del siglo XXI.
Tras la sorpresa inicial, el proyecto inspira más preocupación que ilusión, por la concepción que implica del área central asturiana, la forma particular de ordenar espacios que comporta, la colisión entre suelo industrial y residencial y el ninguneo de los ayuntamientos. Demasiados gazapos como para sonreír alborozados ante la idea.
Desde el Principado se ha justificado el proyecto por la necesidad de reordenar el área central asturiana. Este simple enunciado implica una concepción restrictiva del territorio, porque el área central asturiana es mucho más que el macroproyecto urbanístico de Oviedo, Siero y Llanera. El área central asturiana son 3.000 kilómetros cuadrados, con 860.000 habitantes, que generan más del 85% del PIB regional. Ante esta crítica, el Gobierno regional ha reaccionado como hace siempre cuando se levante la voz desde otras comarcas o ciudades: «tengo otros proyectos para vosotros». En vez de resolver el problema, lo agrava, porque la reordenación del área central no pasa por contentar a los alcaldes con proyectos para cada municipio o comarca, sino por exponer una visión de conjunto y lograr que la asuman los ayuntamientos y los agentes sociales.
En los años sesenta del siglo pasado se empezó a hablar del «ocho asturiano»; luego, del «área central», de la «ciudad astur», etcétera, pero sólo se avanzó en la constitución de dos consorcios: agua y residuos. Cuando llegó el presidente Areces al poder, en el año 1999, tenía en el programa electoral la reordenación del área central asturiana, pero ocho años más tarde únicamente ha dado un paso: la implantación del billete único.
Desde la Presidencia del Gobierno se ha explicado el macroproyecto de Oviedo, Siero y Llanera, por la vía del ejemplo, comparándolo con la operación realizada en el barrio de El Llano, en Gijón, en los años noventa del siglo pasado. Por más que se cotejen las dos actuaciones no se encontrarán semejanzas. No tiene nada que ver la recuperación de una zona degradada del casco urbano de una ciudad con la creación de urbanizaciones 'ex novo' en zonas alejadas, comunicadas por las líneas de un tren-tranvía, que es, en el fondo, el motor del proyecto. Se dice que en El Llano se realizó un «cosido» de la ciudad, pero en La Morgal no hay nada que coser, aunque con la aguja del plan se puedan pinchar muchas cosas, como el desarrollo industrial de ese área. Resulta curioso que limitando con los polígonos industriales de Asipo y Silvota se programen dos urbanizaciones con 4.800 viviendas. En vez de separar, claramente, los desarrollos industriales y residenciales, se proyectan viviendas al lado de empresas que llevan muchos años allí ubicadas.
Un profundo error
Sin entrar a valorar los problemas que puedan surgir con los antiguos propietarios de terrenos expropiados para usos industriales, la crítica a las macrooperaciones de vivienda se asienta en la concepción que llevan inherente: para el Gobierno regional la reordenación del territorio consiste en programar vivienda. Y ese es un profundo error. La vivienda puede servir para ayudar a financiar los 180 millones de euros del tren tranvía, pero no tiene nada que ver con la pendiente reordenación del área central asturiana. Con vivienda nueva se puede financiar la recuperación de un barrio como El Llano, que estaba degradado, entre otras cosas, por falta de pisos dignos, pero Llanera no necesita que le endosen otras 4.800 viviendas, cuando tiene aún miles sin construir dentro de las previsiones de su plan de urbanismo.
En los últimos años se han realizado actuaciones que aumentaron la integración del área central asturiana, siendo la principal de ellas la autovía minera. Ahora bien, también se tomaron decisiones que chocan frontalmente con la filosofía de un territorio común, como la multiplicación de auditorios y palacios de congresos (Oviedo, Gijón, Avilés, Langreo), la diseminación de los estudios universitarios y la dotación de equipamientos sanitarios. Del poder político autonómico se espera que vertebre el territorio, no que ponga parches.
Lo más estrambótico del macroproyecto es que su diseño se haga a espaldas de los ayuntamientos. El alcalde de Llanera dijo que la propuesta era «una salvajada» y el equipo de Gabino de Lorenzo mostró su oposición. ¿Se puede llevar a cabo una reordenación de espacios en contra del parecer de los alcaldes? El presidente Areces apeló al «urbanismo democrático», pero es que el urbanismo en democracia descansa en decisiones municipales. Una cosa es luchar contra el mal del localismo y otra es prescindir de la opinión de los ayuntamientos.
En el centro de la región hay una confusión de espacios urbanos e industriales y una yuxtaposición de proyectos culturales amalgamados por densas cortinas de CO2, a la espera de que desde el Principado se impulse el área metropolitana, con órgano de gobierno propio y participación municipal.

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