En todas las lenguas para dirigirse a un interlocutor se utilizan fórmulas verbales distintas según quienes sean los que dialogan, fórmulas que, en español como en catalán, son el tú, con la forma verbal en segunda persona del singular, para dirigirnos a quienes nos son más próximos; el vos y la segunda persona del plural para indicar una menor familiaridad o una cierta distancia social, y finalmente el usted, abreviatura de vuesa merced, con la tercera persona del singular para indicar la máxima distancia. Con el paso del tiempo, en español, como en catalán, la forma vos ha caído en desuso y se ha generalizado el usted. En el francés por el contrario se ha mantenido el vous y ha desaparecido el equivalente al usted, mientras que en inglés lo que prácticamente ha desaparecido ha sido el tú, que sólo se mantiene en los rezos tradicionales para dirigirse a Dios. Digamos en seguida que esta desaparición no significa una igualación, pues en inglés, como en cualquier otra lengua, hay otras fórmulas para dejar clara la categoría del interlocutor o la intimidad de la relación, por ejemplo se puede optar entre llamarle por su apellido o por su nombre de pila, lo que significa mayor familiaridad. Otra fórmula es añadir al nombre algún título, por ejemplo señor profesor. En Alemania y en general en el norte de Europa esto es mucho más frecuente que entre nosotros y nadie tiene reparo en decir su magnificencia al dirigirse a un rector de universidad. Y recuerdo que cuando al director del Instituto de Psicología de Londres que yo frecuentaba la reina le concedió el ingreso en la Orden del Imperio Británico al día siguiente todos los que hablaban con él anteponían sir a su nombre.

El tratamiento muchas veces no es recíproco; el superior se dirige a sus inferiores tratándoles de tú, así el padre al hijo, el amo al criado, el noble al plebeyo, el rey a sus súbditos, mientras que éstos utilizan el vos o el usted. Pero es posible que a medida que aumente la relación el interlocutor de más categoría proponga apear el tratamiento, o sea, pasar al tú. En otros casos es el ingreso en un determinado grupo o asociación lo que confiere el derecho a tutear a todos los miembros.

Los usos sociales aceptados son distintos según las lenguas y según los lugares. Desde mi primera visita a Madrid me di cuenta de que si en Barcelona sólo me tuteaba con las personas con las que tenía un cierto grado de intimidad o de confianza, en Madrid bastaba poco más que la presentación para pasar al tú. Y, si en Barcelona el apelativo con el que propios y extraños me denominaban era doctor Siguan, en Madrid me convertía inmediatamente en Miguel o, para expresar mayor distancia, en don Miguel.

La diferencia de usos produce a veces sorpresas y malentendidos. La primera vez que estuve en París hace muchísimos años me senté en el comedor de la Cité Universitaire delante de una joven francesa y aunque era una perfecta desconocida me pareció de mínima cortesía dirigirle la palabra con un comentario banal y para sorpresa mía le oí aclararme que no recordaba haberse acostado conmigo y tardé bastante en entender que me reprochaba así el haberla tuteado. Aprendí así de golpe que el uso del tú era mucho más restringido en Francia que en España y ya no volví a equivocarme y no me extrañé cuando en Bélgica advertí que había matrimonios que después de muchos años de casados seguían tratándose de vous.

Los usos no sólo son distintos, sino que varían a lo largo del tiempo y uno de los hechos más singulares en el español hablado en España, y también en el catalán, probablemente por influencia del español, es la expansión del tú. En El Quijote, Sancho Panza se dirige siempre al caballero tratándole de vuesa merced,mientras que Don Quijote le trata siempre de tú. Pero mientras las personas de baja condición como los cabreros se tutean entre sí en la mayoría de los diálogos, entre personas de similar categoría se utiliza el vos. En cambio, en la novela española del siglo XIX el vos ha prácticamente desaparecido y entre personas de similar nivel social y alguna familiaridad se usa el tú, mientras que para las relaciones con desconocidos y con personas de nivel social más alto se utiliza el usted. En Catalunya se advierte algo similar, aunque posteriormente se produjeron esfuerzos para difundir el vos y yo mismo trato de vos a personas que respeto.

Pero fue coincidiendo con los profundos cambios sociales que se produjeron en los años sesenta en España que se popularizó el uso del tú entre interlocutores cuyos contactos previos eran escasos e incluso relativamente alejados en la escala social. Las dependientas de las boutiques empezaban a tutear a las clientas, que se sentían así rejuvenecidas, y en la universidad los estudiantes tuteaban a los PNN, profesores jóvenes como ellos, la lucha antifranquista y el Mayo del 68 eran el telón de fondo de una tendencia que parecía formar parte del proceso democratizador de la sociedad y que desde entonces no ha hecho más que crecer, y hoy hay centros de enseñanza en los que los adolescentes se acostumbran a tutear a sus maestros. Pero no todo el mundo lo considera un progreso.

Visité hace unos días a un antiguo conocido, periodista que había sido director de una publicación importante y que cerca de los noventa ha quedado inválido y ha ingresado en un geriátrico. Solo e inactivo, le encontré profundamente deprimido, pero con momentos de rebelión. Y algo que especialmente le indigna es que cualquier cuidador, que no le conoce de nada y quizás creyendo que así le hace sentirse mas cómodo, le llama por su nombre de pila y le tutea. Se siente desposeído de todo lo que había llegado a ser y devuelto a la infancia.

Para él el rodillo del tuteo representa una degradación.

MIQUEL SIGUAN, catedrático emérito de la UB.

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