Un millón de euros. Ese es el precio que el alcalde de Oviedo le pone al voto de los oviedistas. Si la tasación hubiera sido más alta, el Real Oviedo podría afrontar una mayor ampliación de capital. Pero, teniendo en cuenta los últimos aforos del Tartiere, la mermada capacidad del equipo para ilusionar y el tiempo, que todo lo borra, pasado desde la fallida operación ACF , el valor final que tiene la voluntad de los aficionados es de un millón de euros, que no está nada mal. Mientras Gabino de Lorenzo tira de chequera para hacerse perdonar, la oposición, siempre errática, pierde el tiempo en criticarle por hacer al Ayuntamiento participar en la ampliación de capital del club. Lo que deberían hacer es subirse al carro y prometer, no uno, sino dos millones de euros. Será por perres. Total, si ganan, tendrían que sacarlo del mismo sitio del que lo sacará el alcalde, de donde pueda. Tampoco deberían perder el tiempo preguntando en qué capítulo del programa electoral del PP estaba esta medida. Cuándo aprenderán que la mejor manera de hacer lo que a uno le da la gana y cuando le da la gana, es presentarse a las elecciones sin programa, que es lo que, con tan buenos resultados, ha hecho De Lorenzo en la última década. El alcalde, mientras tanto, debería ejercer de buen liberal y no comprometer el dinero público en una Sociedad Anónima. Si quería ayudar habría bastado con no entorpecer, no embarcar a media ciudad en una operación fratricida y dejar a los empresarios oviedistas que hicieran con su dinero lo que creyeran mejor para el equipo de sus amores. Ahora, todo apesta a electoralismo. Del caro.

Nacho Monserrat. Periodista.