LA CLAVE

El año 2006, las noticias sobre la gripe aviar y su posible extensión a los seres humanos, iniciando una epidemia de gran magnitud (pandemia), fueron las más frecuentes entre las relacionadas con la salud. Se siguió con interés la evolución de la infección en las aves y sus patrones de migración, asistimos expectantes a la autopsia de un somormujo hallado muerto en Vitoria y vimos oscilar, transitoria y ocasionalmente, el precio y el consumo de pollo en España. Sin embargo, desde hace varias semanas, existe un silencio informativo roto ocasionalmente por noticias como la del brote reciente en una granja de pavos en Inglaterra. Los ciudadanos, preocupados por aspectos de salud más próximos (aunque las urgencias sigan saturadas, este año la epidemia de gripe es, afortunadamente y hasta ahora, benigna) se preguntan si realmente existe riesgo de pandemia o lo que hay es un exceso de información sobre algo remoto e improbable. Existe una cierta sensación de cansancio o fatiga pandémica. Es más, al insistir sobre esta amenaza podemos ser acusados de alertar con exceso sobre la hipotética llegada del lobo.

¿Hay datos que indican que el lobo sigue por ahí, merodeando? Aquí van algunos: la epidemia se ha extendido entre las aves en distintos territorios, incluyendo el delta del Nilo y Nigeria, lo que acerca la amenaza a África, cuyo grado de control veterinario y de salud pública es muy limitado. La gripe aviar es un problema actual en Indonesia, Nigeria y Egipto (países con casi 450 millones de habitantes). La situación real en China sigue siendo un misterio. El virus infectó a más seres humanos en el 2006 que en el 2005, y su tasa de letalidad (número de muertes entre los infectados) es más alta (69% en el 2006 frente al 43% en el 2005). Se ha avanzado mucho en la investigación de posibles vacunas, pero no la tenemos todavía. El papel real y utilidad de los fármacos antivirales en una pandemia sigue siendo incierto. No sabemos con seguridad qué medidas preventivas de tipo social serían eficaces para retrasar el inicio de la pandemia. Tenemos modelos matemáticos que intentan predecir qué podría pasar, pero no sabemos qué (ni cuándo) pasará realmente. Tenemos planes de preparación, pero tenerlos no es lo mismo que estar preparados.

Podemos y debemos estar preocupados, razonablemente preocupados: probablemente disponemos todavía de tiempo. La amenaza de una pandemia de gripe (sea aviar o no), no es fantasma pero tampoco parece inminente. Hemos de afrontarla con seriedad y constancia: es ahora cuando debemos prepararnos mejor frente a ésta y otras enfermedades emergentes. Como indicó Churchill a Roosevelt en 1941: "No debemos fracasar ni actuar con indecisión, no debemos debilitarnos ni cansarnos; dadnos las herramientas adecuadas y terminaremos el trabajo".

ANTONI TRILLA, médico epidemiólogo, hospital Clínic de la Universitat de Barcelona.