Coches de ensueño a tiempo parcial, de Mar Galtés en La Vanguardia
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Toda la vida han existido las casas de alquiler de esmóquines, porque no todos los bolsillos pueden permitirse estar a la altura de las ocasiones que se lo merecen. Ahora de EE. UU. llega también la moda de los bolsos de alquiler, para que las más fashion luzcan los codiciados diseños de Prada o Dior pagando sólo una ínfima parte de lo que cuestan -aunque sea para disfrutarlos una semana-. Y también hay empresas de alquiler de coches de lujo para quien no quiere morirse sin haber conducido un día un Ferrari.
Hasta aquí lo visto son soluciones para aparentar lo que no se tiene. Nada que ver con la propuesta de GT Club, una nueva empresa creada en Sant Cugat con el objetivo de ser un club privado para el disfrute de coches deportivos de lujo, dirigido a personas que, pudiendo pagar lo que cuesta uno de estos vehículos (más de 130.000 euros), no quieren asumir sus inconvenientes, porque pasan la mayor parte de sus días bajo una funda en un garaje, y se cubren de polvo tan rápido como pierden valor.
Formalmente GT Club es una empresa de alquiler de coches pero tiene un funcionamiento muy distinto al del sector. Su lema es ofrecer "una necesidad irracional con una utilización racional" explica el impulsor, Albert Castelló. La empresa arrancará en verano con una flota inicial de siete coches: el más caro es un Ferrari Fiorano de 620 cv y 277.442 euros. Éste no es un Ferrari como la mayoría: su carrocería no es roja, el color oficial de la escudería del caballito rampante, sino negra: "La discreción es una característica de nuestros clientes" asegura Castelló. El perfil de socio del GT Club es un empresario o profesional, de entre 40 y 50 años, con muchas obligaciones profesionales y familiares, entusiasta de los coches pero al mismo tiempo consciente de sus limitaciones: "el mayor problema de estos coches no es tener el dinero, sino el tiempo para disfrutarlos. También hay quien no se lo compra por el qué dirán sus empleados o los vecinos, o sencillamente para no discutir con la familia".
Para participar del GT Club los socios abonan en concepto de acceso 3.750 euros, y después hay un sistema de cuotas de entre 8.500 y 19.000 euros que dan derecho a conducir cualquiera de los vehículos disponibles, hasta un total de entre 8 y 62 días (la cuota se traduce en un sistema de puntos, que restan según se utilicen en días laborales o festivos). El club asume el seguro, los impuestos, custodia, mantenimiento y, evidentemente, la depreciación del coche. Pero los puntos del carnet de conducir son responsabilidad de cada uno: "Tenemos un reglamento basado en el respeto. Además, el atractivo de estos coches no es sólo la velocidad: es un tema de sensaciones, tacto, acabados, estética". Albert Castelló ya tiene 29 socios firmados, pero aspira a tener entre 120 y 420, con una flota de 30 coches dentro de tres años. "Con estas proporciones, el sistema es rentable desde el primer día y nos permite renovar los coches a los dos años y medio y tener siempre últimos modelos".
Castelló es ex piloto (fue campeón de España de categoría GT en 2001), y empresario (desarrolló la red de franquicias Bang & Olufsen en Catalunya) y su objetivo ha sido "aunar afición y profesión". Ahora es el único accionista de GT Club y ha invertido 2,7 millones: 1,2 para comprar los coches y el resto para unas instalaciones de más de 1.000 m2que incluyen club social. Castelló se ha inspirado en el británico P1, creado en el 2000 y participado por el ex piloto de Formula 1 Damon Hill. El P1 tiene más de 250 socios y una flota de varios Ferrari, Bentley, Lamborghini, Aston Martin y Porsche. "Han detectado que sus socios utilizan un 30% más estos coches que quienes los tienen en propiedad, porque resulta más cómodo y además es atractivo ir cambiando de modelo" concluye Castelló.
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