Desde hace meses nuestro navegador por la red hace el tonto. Lo cierto es que lleva días y días sin dar señales de vida y de pronto, y como por un capricho, se activa los minutos justos para que podamos dar entrada y salida al correo electrónico. Pero lo normal es que no funcione, aunque lo vayamos intentando incluso hasta altas horas de la madrugada.
Comprendemos que la autopista puede ir llena de viernes a domingo, y dejarnos a nosotros en el arcén, ¿pero cómo se nos deja sin señal a las cinco de la madrugada del lunes, cuando nos levantamos adrede para ver si finalmente pasan nuestros correos? Pues porque se nos desconecta. Y es que Telefónica vende más de lo que sabe que puede servir.
Telefónica, con quien tenemos contratado -y a quien pagamos religiosamente- el servicio de ADSL las veinticuatro horas todos los días de la semana, no nos soluciona de hecho el problema por más que vayamos reclamando a su teléfono de atención al cliente (!), un 902 de pago, mediante el cual -para más inri- los consumidores vamos engrosando las cuentas de una compañía con demasiados vicios monopolísticos.
Ya han venido en dos o tres ocasiones los técnicos de una de sus empresas subcontratadas al efecto. Sin embargo, hoy por hoy el problema sigue sin solucionarse. Al parecer, la línea está saturada y, tal como aconsejan los informes internos, la compañía debería hacer un gasto en la mejora del tendido que, por ahora, quiere ahorrarse.
La red telefónica es una infraestructura tan básica para nuestras comunicaciones y para nuestro desarrollo personal, económico y social como la red de carreteras o de ferrocarriles. La caída de la inversión y la falta de mantenimiento en la red de telefonía grava también, y muy severamente, nuestra competitividad en la economía global y nuestra calidad de vida.
La red no da para más. Los tendidos telefónicos tradicionales, por filamento de cobre, han quedado ya obsoletos. La fibra óptica ofrece un ancho de banda muy superior y permite mayor velocidad de navegación. Pero ¿está Telefónica dispuesta a invertir en la reconversión de su vieja red de la edad del cobre en la red de fibra óptica que el país necesita?
Las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) son inequívocamente fundamentales para nuestro futuro.
El último informe del Síndic de Greuges denuncia, entre otras cosas, que son todavía muchísimas las viviendas alejadas de los centros urbanos sin acceso a la conexión de banda ancha. Y que esto tiene el peligro de causar una fractura digital en el territorio.
El equilibrio territorial tiene que ser también digital. La distancia física ya no importa, en teoría. Sin embargo, en la práctica, sin acceso a internet es como si nos quedáramos descolgados del mundo. Y no se olvide que un reciente informe de la Unión Europea - publicado a primeros de año- señala la mala posición de España en el terreno de la innovación.
En los últimos años se ha tirado fibra óptica por un tubo. Todo el que abría una zanja - ayuntamientos, autopistas, compañías del gas o del agua- aprovechaba para tirar cable. Muchas sociedades privadas aspiran al negocio del cableado. Y también la Compañía Telefónica Nacional de España, que heredó de la dictadura el monopolio sobre el viejo tendido.
La red de banda ancha es una infraestructura de primera necesidad. Pero el país necesita un operador único de fibra óptica. Un concesionario que actúe no sólo para hacer negocio sino con clara voluntad de servicio público.

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