PERSPECTIVA INTERNACIONAL

La tensión aérea entre Roma y Milán, muy celosas ambas de sus respectivos aeropuertos de Fiumicino y Malpensa, se mantiene latente a la espera del futuro de Alitalia, la compañía aérea italiana parcialmente puesta en venta por el Gobierno de centroizquierda de Romano Prodi. Quien se haga con la aerolínea tendrá bastante que decir sobre si continúa el actual sistema de dos hubs (centros de conexiones internacionales) vigente en Italia, o si se sacrifica el de Milán, como insinuó el pasado octubre el viceprimer ministro, Francesco Rutelli.

En su informe, Rutelli sostuvo que "si se analizan los primeros quince aeropuertos italianos, el único que durante el periodo 2000-2005 registra un descenso del 5%, es decir, 1,1 millón de pasajeros menos, es el de Milán-Malpensa". "Todos los demás crecen. Roma-Fiumicino subió el 9% y logró 28,7 millones de pasajeros. A la luz de estos datos, para el Gobierno resulta evidente que la polémica entre Fiumicino y Malpensa no tiene razón de ser", dijo el viceprimer ministro. A juicio del bando rutelliano de los cielos, en la crisis de Alitalia tiene mucho que ver la mera existencia del hub de Malpensa.

Inmediatamente, Roberto Formigoni, presidente del centroderecha de la región de Lombardía - de la que Milán es capital-, preguntó si al Ejecutivo le tienen sin cuidado "los treinta millones de ciudadanos y las tres millones de pequeñas y medianas empresas del norte de Italia que necesitan volar a todo el mundo". Le secunda en la queja Mercedes Bresso, presidenta del centroizquierda de la región del Piamonte.

Al bando nordista - que no pierde ocasión de recordar que Rutelli fue alcalde de Roma y que la capital de Italia acaba de inventarse un festival de cine que compite directamente con la veterana Mostra de Venecia- le preocupa que las urgencias turísticas de Roma acaben primando sobre las necesidades industriales y comerciales del norte del país. "No hemos pensado nunca en cerrar el hub de Malpensa", afirmó el pasado noviembre el secretario de Presidencia del Gobierno, Enrico Letta. "Estamos trabajando para un futuro concreto de Malpensa en el ámbito del sistema de transportes nacionales. El problema de Alitalia no se resolverá con un derbi entre Roma y Milán", zanjó el secretario Letta.

En Milán, de todos modos, no se fían. Por eso, ya el verano pasado un puñado de senadores dirigió un escrito al primer ministro exigiendo más cariño para Malpensa. Les puso en guardia un acuerdo firmado por Alitalia, ENAC- ente regulador de la aviación civil-, el Ayuntamiento de Roma, los aeropuertos romanos - hay dos, Fiumicino y Ciampino-, la Cámara de Comercio y los hoteleros, para garantizar un aumento de entre 3,5 y 4 millones de los pasajeros que hacen escala cada año en Fiumicino, y para abrir destinos intercontinentales a América del Norte y del Sur, África, Oriente Medio y Extremo Oriente. El argumento es la enorme vocación turística de Roma, que no cesa de crecer.

Los senadores quejosos recordaron entonces el acuerdo firmado en el año 2002 por Lombardía, Milán, Alitalia y Malpensa para potenciar el eje aéreo milanés, y exigieron al Gobierno "la confirmación del papel de primer nivel del hub de Malpensa, y las consiguientes medidas efectivas para favorecerlo".

El eje de Malpensa, pensado para el sur de Europa, se inauguró el 25 de octubre de 1998, pero la idea venía de casi quince años atrás. Sus detractores hacen hincapié en que el verdadero problema de Malpensa es la competencia del otro aeropuerto milanés, Linate, que dispone también de rutas internacionales, y la de los pequeños aeropuertos del norte-centro de Italia, que ganan tráfico gracias a las aerolíneas de bajo coste, como los de Pisa, Bérgamo, Brescia, Bolonia, Turín o Treviso. También recuerdan que Malpensa se ha labrado notoriedad por sus pérdidas de equipajes. Sus defensores recalcan la importancia del hub milanés para los pequeños empresarios de Lombardía y del Véneto, y enfocan de otro modo las cifras manejadas por el viceprimer ministro Rutelli: Milán ha logrado un incremento del 60% en número de pasajeros entre 1997 y el 2005, y Malpensa creció un 10,9% en el 2006, con un trasiego total de más de 21,7 millones de pasajeros.

La rivalidad entre Roma y Milán por controlar la entrada y salida aérea de Italia hacia el resto del mundo se halla, en realidad, en manos del futuro comprador de Alitalia. Rutelli sostiene que ese comprador debe buscarse en el golfo Pérsico o en Asia, sobre todo en India, China o Tailandia, "porque tienen dinero y aviones, y les faltan rutas y escalas". Sin embargo, a los analistas les cuesta creer que un socio de esas características transija con tener dos hubs en Italia, sobre todo porque a Milán-Malpensa le hace ya mucha sombra el cercano hub alemán de Frankfurt. Al Gobierno Prodi, encargado de redactar el plan industrial de relanzamiento de Alitalia que el comprador debe en teoría respetar, le costará cuadrar tantas aspiraciones.