Debate: Niños y niñas superdotados.
A la hora de considerar el estado de infelicidad en que se encuentra un porcentaje muy elevado de las niñas y de los niños superdotados, tenemos que analizar la situación de la superdotación. La realidad pone de manifiesto que se ha hecho una mínima identificación. De los 300.000 niñas y niños superdotados que el Ministerio de Educación y Ciencia reconocía que había en España en el año 2000, sólo se habían identificado unos 2.000 (un 0,6%). El panorama se torna terriblemente sombrío si tenemos en cuenta que un 70% presenta bajo rendimiento escolar y que el fracaso escolar se encuentra entre un 35% y un 50%.
Una inadecuada respuesta del sistema socioeducativo puede conseguir que el complejo estado psicofisiológico que denominamos bienestar, salud y felicidad se torne en malestar, enfermedad e infelicidad. Si los superdotados no reciben el tratamiento educativo adecuado, tienden a reducir su propia capacidad y a no desarrollar su enorme potencial intelectual. Se puede producir difusión de la identidad, baja autoestima, autoconcepto negativo, baja motivación escolar, trastornos de la personalidad y enfermedades psíquicas.
El nuevo paradigma de la superdotación y la neurodidáctica (aplicación en el ámbito educativo del conocimiento actual sobre el funcionamiento del cerebro) pueden posibilitar el final de esta grave situación, al considerar relevante el hecho de que las personas superdotadas y con altas capacidades constituyen el mayor capital humano que tiene una sociedad, puesto que poseen el potencial intelectual para conseguir un muy elevado rendimiento, beneficioso para ellos y para la sociedad si sus dones y los talentos se educan adecuadamente.
La pregunta clave es: ¿cómo lo que puede ser una ventaja para las personas superdotadas y aquellas con altas capacidades, así como para la sociedad, se convierte en un inconveniente y un problema directamente para esas personas y sus familias e indirectamente para la sociedad? La eventual actuación respecto a la superdotación se ha centrado exclusivamente en la inteligencia, que a lo sumo explica del 20% al 25% del éxito en la escuela, en la universidad o en el desarrollo de una profesión, es decir, en la vida. Entre los factores que explicarían del 75% al 80% del éxito, se encuentran el ámbito afectivo-emocional (motivación, interés, esfuerzo) y el ámbito psicosocial.
Es decir, no se ha tenido en cuenta que se ha de educar y enseñar para la vida práctica, no para la escuela. Además, la actuación ha partido de una inadecuada consideración de la inteligencia. La investigación en neurodidáctica pone de manifiesto que existe una compleja interacción entre inteligencia, aprendizaje y memoria. La inteligencia no es un estado fijo del que partir, sino un proceso en desarrollo a través del aprendizaje adecuado.
Es responsabilidad del sistema socioeducativo, en el contexto de una escuela inclusiva, que atienda a la diversidad, presentar los programas de aprendizaje que los alumnos superdotados y con altas capacidades requieren para obtener el éxito. Una intensa motivación y una adecuada preparación proporcionarán un elevado rendimiento escolar. Esta actuación posibilitará, entre otros objetivos, el desarrollo de la inteligencia, del aprendizaje y del rendimiento y, con ello, el bienestar, la salud y la felicidad. La neurodidáctica puede proporcionar estrategias, métodos y programas de aprendizaje que posibilitarán la consecución de estos objetivos.
I. GARRIDO, neuropsicólogo, Universidad Complutense.

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