Mirar cualquier norma limitativa de cualquier cosa con los anteojos del prohibido prohibir es saludable, pero dejarse arrastrar al griterío con las anteojeras de la demagogia, que entorpecen interesadamente la visión, es arriesgado porque terminas arremetiendo de oídas para exclusivo beneficio de quien guíe la comitiva. Y algo de esto les ha ocurrido a muchos de los que han despotricado contra la ley de prevención del alcoholismo entre los menores.
Escuchando a los representantes del sector vitivinícola decir nada menos que era ésta una ley contra el vino en España, equiparable a otra que hipotéticamente prohibiese la Coca-Cola en EE. UU.; leyendo a prolíficos columnistas con la atención que, sinceramente, siempre les presta uno, que veían en la ley de marras una freudiana tendencia del Gobierno a compensar su impotencia frente al poder del dinero con un intervencionismo creciente sobre nuestras vidas, o a imponer a los ciudadanos en general el cuidado de su salud coercitivamente; y para colmo, ver al jefe de la oposición encaramarse a una tribuna gritando ¡viva el vino y el sentido común!, es más que suficiente para despertarle a uno un inusitado interés por leerse detenidamente una ley que obra el prodigio de aunar tantas y tan dispares inquietudes.
Ni en los ocho folios de su didáctica exposición de motivos ni en el articulado de sus cinco capítulos podrá hallarse prohibición alguna de beber vino ni cualquier otra bebida alcohólica, lo que se prohíbe es venderlas a los menores para que se las beban y azuzarles la afición a base de propaganda. La única referencia al vino es precisamente la que reafirma el respeto a la ley de la Viña y el Vino, 24/ 2.003 de 10 de julio, haciendo mención expresa de la recomendación que incluía aquella norma del "consumo moderado y responsable del vino entre adultos, como componente de la dieta mediterránea" y del "fomento del desarrollo sostenible del cultivo de la vid, como factor determinante del respeto al medio ambiente y la fijación de la población en el medio rural". Por lo demás, puede constatarse leyendo la ley abortada que lejos de limitarse a establecer un catálogo de prohibiciones, aclara que "el objeto de la ley es la protección de la salud de los menores" (capítulo I) e igualmente adelanta en los dos primeros artículos las definiciones que faciliten la comprensión de la ley sobre las materias que se van a sancionar en el texto legal, lo que se entiende por patrocinio y publicidad de las bebidas alcohólicas, materias que obligatoriamente deben ajustarse a lo establecido por la directiva europea del 19 de octubre de 1992 y por el más reciente Reglamento CE n. º 1924/ 2006 del Parlamento Europeo y del Consejo de 20 de diciembre del 2006. El capítulo II pone deberes a las propias administraciones públicas, para combinar sus actuaciones en los ámbitos educativo, asistencial y sanitario, complementadas con otras iniciativas de los poderes públicos en los terrenos de la cultura, el deporte y el ocio, a fin de promover la salud y prevenir los daños asociados al consumo de alcohol, siempre referido a los menores. En el tercer capítulo ya se pasa a la prohibición de la venta y dispensación de bebidas alcohólicas a menores (siguiendo las recomendaciones de la OMS). El siguienteapartado de la ley se dedica a la limitación de la publicidad, promoción y patrocinio de las bebidas alcohólicas, con las "necesarias excepciones en las actividades de promoción en el sector agroalimentario, así como las publicaciones impresas especializadas y las orientadas a la información y promoción turística que pretendan dar a conocer bebidas alcohólicas con denominación de origen o características de una determinada zona geográfica". El quinto y último capítulo se ciñe a regular las infracciones y sanciones para garantizar el cumplimiento efectivo de la ley.Lo más revelador es que las verdaderas afectadas por la ley, las grandes multinacionales de las bebidas destiladas de mayor graduación alcohólica y las cerveceras, los licores que más circulan por las gargantas de los menores, han hecho mucho menos ruido al comprobar que ya lo hacían por ellas los agricultores y los bodegueros, que ciertamente eran los menos perjudicados.
Es verdad que esta ley sanitaria ha venido a coincidir en el tiempo con las negociaciones de la nueva Organización Común del Mercado del vino (OCM), que desacoplando la ayudas a la calidad de lo que se produce puede suponer que se arranquen en España, con los incentivos correspondientes, la mitad de las 400.000 hectáreas de viñedo llamadas a desaparecer en toda Europa. Pero esos platos rotos no podrán recomponerse a costa del desarrollo neuronal de nuestros jóvenes. Los tiros van por otro lado y no servirá para nada seguir desviándolos.
España es el primer país del mundo en superficie dedicada al viñedo, pero el valor de nuestra producción está por debajo del de países como Francia, Italia y ¡Alemania!, dato que explica por sí solo los bajos rendimientos por hectárea que se obtienen en nuestros viñedos. La mitad de esa superficie cultivada se encuentra en Castilla-La Mancha, en torno a las 600.000 hectáreas y en total tenemos 300.000 explotaciones agrícolas, con un clamoroso retraso tecnológico. Por otra parte, la industria del vino en España cuenta con más de 4.000 empresas, tan atomizadas que el 77% son en realidad microempresas. La producción de vinos de calidad está aumentando, pero sólo representa un 35% y la mitad de nuestra exportación se realiza a granel. Todo ello cuando ya están entrando en los mercados internacionales y en el nacional vinos embotellados de calidad apreciable provenientes de países sudamericanos, de Australia o de Sudáfrica a precios competitivos.
Pese a todo pueden y deben construirse alternativas frente a estos retos, tejer amplios consensos y disponer de apoyos de todo tipo para defenderlas en cuantos foros sea necesario; siempre y cuando no se pierda el tiempo dando palos de ciego.
Hay quien, perdonando la vida a la ministra Salgado, la ha considerado poco política por haber pergeñado la ley en este contexto y otros le han achacado poca perspicacia electoral. Sin embargo, no hay perspectiva política más amplia y encomiable que la de prevenir el alcoholismo entre la juventud y reducir sus alarmantes tasas que ya se han alcanzado en nuestro país, porque eso sí es trabajar de verdad por el interés general de nuestra sociedad, la presente y la futura. En cuanto al cálculo electoral, se lo dejo a los políticos del regate en corto, los que al final se quedan compuestos con el traje del oportunismo y sin los votos, ni de los que nunca te votarían por muchos arreglos que les hagas ni de los que se sientan decepcionados por piruetas inverosímiles tras haberte votado en anteriores ocasiones. También de esto está libre la señora Salgado.
A. GUTIÉRREZ VEGARA, presidente de la comisión de Economía y Hacienda del Congreso.

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