Imma Mayol sonrió como Scarlett Johansson cuando saludó a Woody Allen y Jordi Hereu se creyó por un momento Jonathan Rhys Meyers (el ambicioso protagonista de Match point) cuando le dio a la mano (a Allen, no a Mayol, que a eso está acostumbrado). Barcelona se puso sus trajes más cosmopolitas para aterrizar en Nueva York, aprovechando que la Generalitat ha impulsado un verdadero despliegue de la cultura catalana, que abarca desde una gran exposición en el Metropolitan, titulada de Gaudí a Dalí, hasta un recital de poesía catalana a cargo de Lou Reed, Patti Smith y Laurie Anderson. Curiosamente, la imagen de la presencia de nuestra cultura es una barretina con el código de barras. Eso es la fuerza del tripartito: la Barcelona que se mostraba en Manhattan antes de los Juegos hubiera visto como un sacrilegio a la modernidad el uso de la barretina, pero ahora son tiempos de síntesis. Se trata de izar la bandera española en las conselleries republicanas y calarse la barretina en el Soho más progresista. The times they are a-changing, nos recordaba Bob Dylan.
La imagen escogida no es la barretina plana ni la barretina de garbí, sino la barretina llarga, que es la que se dobla hacia atrás. La barretina es una prenda que se generalizó por Catalunya en el siglo XIV, aunque en sus diversas variantes se extendió entre los pueblos marineros del Mediterráneo, pero a finales del XVIII su uso mayoritario era entre las gentes del campo catalán. Posiblemente por ello, el catalanismo ruralista ha sentido más querencia hacia esta prenda que el progresismo urbano. En cualquier caso, los personajes del siglo XX que más la han popularizado han sido Jacint Verdaguer, Salvador Dalí y el caganer, figura del belén que es objeto de reportajes de la prensa anglosajona en medio de diseños de Mariscal o de Tresserras. Los grafistas, que la han introducido en carteles y programas para publicitar la presencia catalana en Nueva York, han resaltado que una barretina con un código de barras es un mensaje al unísono de tradición y modernidad. Lo dicho, la síntesis del tripartito.
Poco antes de la cita olímpica de 1992, el diseñador Milton Glaser, autor del logotipo I love NY,hizo una exposición en el Tinell sobre sus creaciones en la que proponía que Barcelona se asociara a una pera, igual que Manhattan se identifica con una manzana. Lo de que los catalanes somos la pera tenía su miga, pero lo de la barretina puede tener igualmente su enjundia: porque empezamos a estar hasta el gorro (hasta la barretina) de tantas incomprensiones.

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