EL RUNRÚN

Las trágicas muertes de bebés prematuros en el hospital madrileño Doce de Octubre han puesto de actualidad un signo de nuestros tiempos. Lo prematuro parece que será la característica principal de este principio de siglo. El progreso impresionante experimentado por la medicina en el siglo pasado permite que cada vez sobrevivan más bebés nacidos antes de tiempo. De hecho, los límites biológicos de los nacimientos se han ensanchado de manera espectacular. Tal vez sea más llamativo que el umbral de la maternidad biológica haya traspasado los sesenta años (cuando el de la paternidad hace siglos que fue más allá), pero es mucho más significativo el bajón tremendo que ha experimentado el umbral de bebés prematuros. Hasta hace poco, se consideraba que el límite inferior de peso que requería un feto para ser viable era de 500 gramos. El equivalente a un buen chuletón, vamos. Pero esa frontera también ha sido derribada. Todos vimos la foto de ese renacuajo humano que nació en Miami a las 23 semanas de gestación, con un peso equivalente a un entrecot medianito (284 gramos). ¿Quién da más? ¿Quién será el primer bistec que sobrevivirá fuera del seno materno?

Un biógrafo virtual del feto emancipado de Miami debería tener en cuenta una nueva etapa de su vida. 23 semanas son poco más de medio embarazo. De hecho, el nacimiento de Miami, previsto para finales de enero, sucedió el pasado 24 de octubre. ¿Cómo llamar a ese trimestre de previda? El auge de lo prematuro tiñe toda nuestra sociedad. Basta con mirar a nuestro alrededor para ver a niños que se comportan como adolescentes. Muchas veces, la pérdida de la inocencia se produce cuando no ha habido ni tiempo para saborearla. La presión del éxito como única guía provoca que mucha gente se salte peldaños para acceder a él. Los modelos sociales más observados son jovencísimos: futbolistas, cantantes y estrellas mediáticas diversas que no se caracterizan precisamente por sus años de formación. Nuestro mundo está lleno de nuevos Joselitos. ¿Cuántos de estos ídolos serán ancianos prematuros? ¿Cuántos prejubilados deberán mantener nuestros hijos?

También nuestros políticos son unos artistas de lo prematuro. Las famosas promesas electorales se han instalado en el discurso general. Zapatero ha demostrado ser un verdadero amante de lo prematuro. Su principal estrategia ha sido dar por hecho lo que está por hacer, con ese famoso talante y esa forma tajante de prometer imposibles: aceptaré el Estatut etcétera, dentro de un año estaremos etcétera, el aeropuerto de Barcelona será etcétera. Pero el apoteosis de lo prematuro es patrimonio catalán. La vibrante ovación que agitó el Parlament aquel ya lejano 30 de septiembre en el que se aprobó el proyecto de Estatut fue el éxtasis de lo prematuro. Por lo visto, el renacuajo humano de Miami ha sobrevivido sin secuelas importantes. El Estatut, si sobrevive, lo hará con un coeficiente de discapacidad que ni la ley de Dependencia podrá paliar.

O sea, que tanto en lo personal como en lo colectivo triunfa lo prematuro, es decir, lo que está verde pero conviene que parezca maduro. Ésa será una de las características que los estudiosos destacarán de esta primera década del siglo XXI, aunque seguramente todavía sea prematuro asegurarlo.