EL MIRÓN PERPLEJO
Lo de Javier Gómez Bermúdez tiene tela. Sin ninguna duda, este hombre se encuentra en el puesto más difícil del trabajo más complicado que podría acometerse hoy en España. Todas las miradas sobre él, todo el peso de la justicia en sus manos -y las de sus dos compañeros de tribunal-, toda la presión mediática y política pendiente de un juez que porta una supuesta vitola y que, lo que serán las cosas, puede dejar con un palmo de narices a muchos. Me explico.
¿Qué dirán quienes tanto le elogiaron tiempo atrás, antes del juicio, si dentro de ocho meses, cuando conozcamos la sentencia, no resultan avaladas las conspiraciones? ¿No se percibe en el ambiente cierta sensación de desconcierto ante la pulcritud y severidad del magistrado, en todos los sentidos, incluido el anticonspiratorio?
Gómez Bermúdez está introduciendo en el método de ajusticiar un nuevo sistema o, al menos, lo está publicitando gracias a la retransmisión en directo de las vistas. Se trata de una mezcla entre la severidad más recta y cierto tono que perfectamente pudo surgir de mi madrileño barrio de Cuatro Caminos. De hecho estoy seguro de que cuando le dijo a Rafa Zouhier eso de "cállese de una puñetera vez", lo que quiso decir no era puñetera, sino otra palabra.
Otro detalle nada baladí es su edad. Y es que Gómez Bermúdez tiene 44 años. Bien es cierto que no los aparenta -no se lo tome a mal señoría-, pero es verdad. Y lo digo en su elogio porque resulta que el hombre que tiene sobre sí la labor más difícil que hoy por hoy podría desempeñarse en España tiene tan solo 44 años. Supongo que en todas partes ocurrirá algo parecido, pero en España necesitamos referentes para muchas cosas y cuando no aparecen estas figuras las creamos artificialmente, con lo que solemos equivocarnos, o las inventamos sin más, con lo que nos erramos seguro.
Pues bien, Gómez Bermúdez empieza a ser un referente porque, además, pertenece a un sector especialmente vilipendiado, en ocasiones con razón, pero en otras, tajantemente no. A la gente normal y corriente le gusta la prestancia, la severidad, la imagen, el tono hasta chuleta en ocasiones, le gusta que se pidan disculpas públicamente y que se meta en vereda a personajes desagradables y hasta repugnantes. La misma gente que rechaza las medias tintas, que se hable en poesía o que se esté todo el día crispando y crispado. En un ambiente político, social y periodístico en el que todos nos ponemos a caldo en un santiamén, este juez nos está poniendo a todos, por el momento, de acuerdo. Y me pregunto: ¿qué ocurriría si se presentara a las elecciones?
- "Lo que me faltaba...", imagino que me respondería si se lo sugiera en persona.
- "Pues es verdad, ni falta que le hace", le respondería yo.
Como líder no sé qué tal resultaría, pero como juez tiene un punto. Ha escrito "a pachas" un libro sobre lenguaje jurídico, vive el periodismo en casa, es liberal, lee obsesivamente, le encanta la música y la ópera, usa sombrero y cuando charlas con él es un tipo normal. Quizás por eso, Gómez Bermúdez gusta tanto. Porque recubre su severidad, aparte de con una toga, con una normalidad proveniente de Álora (Málaga), localidad donde nació hace 44 años.
De universitarios a políticos
Hace unos días oí una curiosa explicación sobre los relevos en el Ministerio de Justicia, empezando por el del propio ministro. Alguien que se conoce el percal me dijo que se decidió sustituir el perfil universitario del Departamento -demasiados catedráticos- por gente de la carrera profesional y que además tuviera más perfil político. Argumentaban que en estos tres últimos años en la calle San Bernardo hubo demasiada teoría universitaria y poca política práctica.
Nuevo CGPJ antes de otoño
Al menos eso esperan los afectados, que hartos ya, unos y otros, están deseando volver a sus juzgados, fiscalías o despachos. En la sede del Consejo consideran que antes de las elecciones de mayo serán imposibles los acuerdos y que cerca de las elecciones generales, tampoco, de ahí que prevean, quizás con más deseos que realismo, que el relevo total se producirá en otoño.
El ejemplo del juicio del 11-M
En distintas embajadas se está siguiendo el juicio del 11-M con una especial atención y hasta con envidia. De hecho, personal de esas legaciones diplomáticas siguen con avidez el papel del juez y el propio sistema procesal porque parten de la base de que en sus países no se podría celebrar una vista así. La clave está, según cuentan, en la existencia de la Audiencia Nacional, sede judicial casi única en democracias occidentales y que puede ser copiada en otros países de nuestro entorno.

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