LA CONTROVERSIA POLÍTICA: La pugna Gobierno-oposición en el Senado
Creo que Zapatero no estuvo mal en el debate del Senado frente a un contundente, flemático y destructor Pío García Escudero. Hombre, Zapatero no es Demóstenes, ni Dios le ha dado elocuencia, ni incendia los escenarios con su palabra. Cualquier otro, con los datos que manejó y ante las acusaciones que le acababa de hacer el portavoz del PP, hubiera mostrado su mejor talante de killer. Zapatero nunca hará eso. Aunque se esté hundiendo el mundo bajo sus pies, acude al recurso de la parsimonia y se llena la boca del concepto "Estado de derecho". Pero, al menos, habló. Ha sacado la cabeza, que parece que la escondía mientras veía caer el diluvio. Se ha mostrado sereno, lo cual tiene mérito en medio del inmenso barullo. Y trató de introducir un poco de racionalidad en una discusión donde hasta ahora han primado las exageraciones y el patriotismo de la exaltación.
La pregunta es: ¿habría cambiado algo si Zapatero hubiera dicho antes lo que ayer dijo en el Senado? Es dudoso. No había más que ver y escuchar lo que ocurría en los escaños del PP. "Parece que no quieren oír", decía el presidente Rojo en su desesperación. Un senador de pelo blanco al que enfocaba la televisión siempre estaba moviendo la mano, diciendo "no" como un mecano. Cada frase de Zapatero era recibida con el murmullo del rechazo. Las imágenes y los sonidos identificaban un clima: dijera lo que dijera el presidente, sería recibido con abucheos. ¿Está así el país entero? A juzgar por las tertulias y las conversaciones privadas, sí. Y es que aquí no se discuten razones jurídicas ni penitenciarias; se está en los sentimientos y las emociones. Cuando han prendido en la sociedad, resultan poco útiles los discursos.
Lo que peor hizo el Gobierno ha sido, por tanto, dar la prisión atenuada al terrorista sin haber preparado antes a la opinión pública. Ha dejado la iniciativa a la oposición. Pecó de ingenuidad al pensar que Rajoy y los suyos serían comprensivos. No supo medir el grado de exaltación incubado desde el momento en que De Juana cumplió los 18 años por los tristemente famosos 25 asesinatos. Sus sensores no percibieron la irritación social que ese hombre suscita. Y no calcularon la capacidad del PP para capitalizar esa irritación y convertirla en un peldaño más en su escalada de oposición.
Ahora, trata de responder con argumentos jurídicos. Zapatero se basó en el auto del juez de vigilancia penitencia, como si la decisión del segundo grado fuera responsabilidad judicial. Buscó material en los archivos para sostener que Aznar había sido más blando con el preso. Eso, siendo legítimo, es feo. Supone sacar el ventilador, con la misma técnica de defensa que cuando se habla de corrupción. Da una imagen de falta de argumentos. Y muestra, sobre todo, una debilidad dialéctica: ¿me está diciendo usted que la Administración Aznar ha sido condescendiente con el terrorismo?
Pensando en el panorama general del país, creo que lo más grave de la situación ha sido el diagnóstico del propio presidente al enjuiciar el trabajo de oposición del PP: con la perspectiva de tres años, se ha basado sólo en el terrorismo; del 11-M y de ETA. Efectivamente, lo ha jugado todo a una carta. Y Mariano Rajoy y sus asesores saben que les tiene que salir bien. O les sale bien, o es su gran fracaso. Por eso es inútil que Zapatero utilice razonamientos legales o comparaciones con el pasado. El senador del pelo blanco seguirá moviendo el brazo, que, como la muñeca de la canción, sólo sabe decir "no".

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