No podemos basar un debate racional sobre el futuro en verdades a medias. Una de ellas, extendida hoy por algunos políticos, es que el futuro de la industria en España, en Europa, es lúgubre. Los costes laborales son elevados, por lo que es difícil competir y quizá sea necesario enfocarnos más hacia los servicios.

Las empresas de servicios son muy importantes, pero detrás de aquel argumento hay ligereza intelectual y conformismo. Ligereza porque hay empresas industriales en Europa que compiten bien, aunque tengan dificultades. BMW y Fiat en automoción, Mango y Zegna en confección y moda, Henkel y L´Oréal en productos de consumo, o Danone y Nestlé en alimentación. Algunas empresas que han tenido problemas importantes como Philips o ABB vuelven a primera línea. También podemos hacer una lista larga de empresas industriales exitosas en EE.UU. o Japón. Por eso, no se puede decir que competir en sectores industriales desde países caros no es posible.

El argumento también es superficial porque no existen países con servicios con alto valor añadido -financieros, software, o telecomunicaciones-, sin un sector industrial fuerte. Incluso países que son ejemplo de fomento de la competitividad empresarial, como Suiza, Finlandia o Irlanda (por cierto, con costes elevados) tienen una base industrial muy importante que actúa como espina dorsal de muchas empresas de servicios. Además, los costes laborales constituyen sólo una porción de los costes de fabricación o venta de un producto. Deben incluirse los costes logísticos que en sectores industriales como la automoción o la electrónica son un factor crítico que puede desequilibrar la cuenta de resultados. Además, la comparación de costes absolutos entre empresas o países sólo es relevante si se tiene en cuenta la productividad (coste por unidad producida).

Y aquí empieza el conformismo y la pereza. Hay dimensiones de la productividad que dependen de la capacidad de gestión. Estos días vuelve a ser noticia la deficiente gestión de la absorción de Chrysler por Daimler y esto, posiblemente, ha frustrado el proyecto de la fusión de las dos empresas. Pero no todas las empresas son así. Hay muchas bien gestionadas en nuestro país, pero, lamentablemente, se enfrentan con problemas que van más allá de su capacidad de acción y que dependen del gobierno. La lista es conocida: no encuentran profesionales cualificados, los hábitos de trabajo que el sistema educativo fomenta son deficientes, los costes de transporte son desproporcionadamente más caros que en otras ubicaciones europeas, o el suelo industrial bien comunicado es muy limitado y caro. Si, además, se trata de sectores regulados como el farmacéutico, la Administración se empeña en hacer que el futuro de las empresas sea aún más complejo.

Éstos son problemas que afectan no sólo a las empresas industriales sino a toda la sociedad. Pensar que se arreglarán espontáneamente o con el paso del tiempo es ilusorio. Sólo se pueden afrontar los retos complejos que la globalización nos plantea si, además de una iniciativa privada dinámica, hay ideas claras en el gobierno y determinación para movilizar las voluntades necesarias y superar los obstáculos. Sólo en este contexto surgirán empresas con futuro o habrá futuro para las actuales. Gobernar no es tarea fácil, pero, cuando existe un consenso amplio, resulta difícil entender la lentitud de los gobernantes.

JORDI CANALS, profesor del IESE.