LA MASACRE DE MADRID: 11M A JUICIO

Los tres inspectores de policía citados en el juicio del 11-M realizaron ayer declaraciones prolijas en las que repasaron algunos de los principales hilos de la tupida telaraña que constituía el comando islamista autor de los atentados. La principal conclusión de uno de los funcionarios, vistas las cosas con la perspectiva que da el tiempo, consistió en que "siempre fuimos un paso por detrás de los autores del 11-M". La policía comprueba ahora que les tuvo al alcance de la mano, pero nadie estiró el brazo.

Junto a ello, la constatación, una vez más, de que el gran ausente en este juicio es Serhane el Tunecino, al que dicho inspector definió como "un islamista de nivel". Muy por debajo queda, en cambio, Jamal Ahmidan, el Chino, compleja figura que aunaba el fanatismo con el gusto por el lujo y que un día justificó ante sus hermanos la masacre de Madrid con un argumento lapidario: "Cada día -dijo- mueren 200 personas en Iraq o en Palestina, y a nadie le importa". Los autores del 11-M se decían, pues, que al aumentar el dolor del mundo estaban contribuyendo al reequilibrio del planeta. Así se lo contó un hermano del Chino a la policía, poco después de los ataques a los trenes el 11-M.

Las pruebas acumuladas en once días de juicio sobre el signo islamista de los atentados resultan apabullantes. No ha aparecido, ni siquiera indiciariamente, línea alguna que insinúe una hipótesis alternativa.

La vista, así, avanza como un taladro, de forma lenta pero inexorable, con unas palas cortantes que se llevan cada día toneladas de presunción de inocencia. Los acusados están cada vez más cabizbajos. Sólo Rafa Zouhier, el fiestero confidente de la policía, el portero de discoteca en Villalba, presente en todas las salsas, sigue sonriendo tras el cristal blindado de la sala, con aire de "qué sabréis vosotros, pobre gente".

Pero no cabe duda de que sí se va sabiendo, porque la taladradora avanza. La fiscal Olga Sánchez nunca levanta la voz, pero sus preguntas siempre son como tenazas. Entre las acusaciones, en cambio, abundan las preguntas que aún tratan de alimentar la teoría de la conspiración. El letrado de una de esas asociaciones metió al inspector que estaba declarando en un debate sobre si lo que explotó fueron bolsas o fueron mochilas, buscando probablemente cuestionar la validez como prueba de la hallada en la estación de El Pozo, con su valioso cargamento de explosivo intacto y tarjeta de móvil rebosante de información. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, zanjó el debate de manera taxativa: "Señor letrado, a los efectos de este sumario bolsa y mochila son sinónimos".

Los policías que declararon ayer explicaron, por otro lado, que Barcelona y Santa Coloma fueron puntos clave para la huida de algunos implicados. Uno de ellos, Mohamed Afallah, murió en un ataque suicida en Iraq, punto de origen y destino de todos los caminos del 11-M.