EL CONFLICTO VASCO: Las estrategias de PSOE y PP

Mariano Rajoy inició el pasado 20 de febrero en Poblet su tour por las 41 comarcas catalanas. "Quiere que le conozcan en persona, que la gente de aquí vea que es un tío normal que propone cosas sensatas de manera civilizada", contaba, hace unos días, un dirigente catalán del PP. "Mariano no comprende -proseguía el dirigente local- que el PP despierte tanto rechazo en Catalunya, quiere pisar el terreno y deshacer los tópicos y los malentendidos". No querría uno estar en la piel de los organizadores de dicho tour marianista, porque no será empresa fácil. Por si el recurso de inconstitucionalidad del PP contra el Estatut no era motivo suficiente para que Rajoy no fuera recibido con gran entusiasmo, ahora todo se complicará mucho más. La gran batalla que el PP ha iniciado a propósito de la decisión del Gobierno de dictar prisión atenuada para el etarra De Juana casa mal con la gira catalana del líder de la oposición, en la que se trataba de llegar a posibles futuros votantes moderados. Casa mal y no porque no existan en Catalunya personas que creen que este terrorista debería pagar con más años de cárcel sus veinticinco asesinatos, sino porque el lenguaje, el estilo, la estrategia y los amigos de viaje del PP en la actualidad son rechazados por una inmensa mayoría de los catalanes. Porque también son mayoría los ciudadanos de Catalunya que no pueden entender que los populares coincidan en manifestaciones junto a la ultraderecha envalentonada.

Es sabido que el mapa político catalán no tiene mucho que ver con el del resto de España. Por eso puede hablarse -entre otros motivos- de nación en un sentido nada de nostálgico, al contrario. Valga como ejemplo de esta diferencia un dato que ayer obtuvo Xavier Bosch en su programa El món a Rac 1. De más de 400 llamadas para responder a la encuesta del día, el 97% opinó que el PP "se está pasando" con su actitud. Sólo el 3% consideró plausible lo que hace el partido de Rajoy. Esto no tiene valor científico, claro está. Pero es un indicador interesante, sobre todo si Josep Piqué sigue pensando lo que pensaba a mediados del 2003. En aquella época, salió a la luz un libro entrevista con el dirigente popular, escrito por la colega Cristina Sen. En sus páginas, Piqué afirmaba: "El objetivo básico es la normalización y la presencia asegurada del PP en la centralidad política catalana. Yo creo que después no se me debería pedir nada más. Si podemos conseguir esto, veré mi tarea política completada". Nada de lo que ahora hace y dice el PP va en esa dirección. Lo comprobará Rajoy si mantiene su tour catalán.

La estrategia de tensar al máximo la cuerda que promueve el PP, además de ser preocupante para toda España, es letal para los intereses catalanes, contrariamente a lo que sugieren muchos análisis simplistas basados en la idea de que "contra el PP vivimos mejor". Lo mismo que impide que Rajoy pueda tener una interlocución amplia y productiva con la sociedad catalana condena a los catalanes a depositar, quieran o no, toda esperanza política en manos exclusivas del PSOE. Por eso Carme Chacón lanza una advertencia que pone en evidencia hasta qué punto el Gobierno de la Generalitat ha reducido hoy su margen de negociación con Madrid: "Catalunya debe saber que no habrá otro Zapatero". Los catalanes estamos atrapados entre la espada del PP y la pared del PSOE. Pero no debemos engañarnos: el PSOE, con la frivolidad de Zapatero, ha ido dando alas a este PP que hoy busca el derribo del Gobierno presentando la visceralidad como dignidad rota. El preámbulo del pacto antiterrorista -contra el nacionalismo democrático- o la posición del ministro López Aguilar sobre el etarra De Juana Chaos señalaron el atajo incierto.