A la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo, como decía Celaya. Pancartero viene el mes de marzo. El 10, con Mariano Rajoy y contra Rodríguez Zapatero por cuenta de ETA. El 17, con Rodríguez Zapatero y contra Mariano Rajoy por la foto de las Azores. Como si una de las dos manifestaciones hubiera de helarnos el corazón -no lo permitamos, oiga-, en fechas tan señaladas. La que convoca el PP, en el tercer aniversario del 11-M. Y la que convoca el PSOE, una semana después, en el cuarto aniversario de la guerra del Iraq.

Dos sábados consecutivos para seguir jugando con fuego. Entre el uno y el otro, e incluso antes, sobrarán ocasiones de seguir alimentando la insensata batalla política -la insensatez está en el exceso- que el PP ha decidido librar contra el Gobierno. Lo más inmediato en la agenda de la crispación y el ‘tú más’ es el paso de Zapatero por el Senado, mañana por la mañana. Su primera cita parlamentaria tras la aplicación de la prisión atenuada a De Juana Chaos. Nos espera un apasionado cruce verbal del presidente del Gobierno y el portavoz del PP, Pío García Escudero.

No menos apasionado que el previsto en la Comisión de Interior del Congreso, el jueves 15 probablemente, donde el ministro Rubalcaba encajará la prisión atenuada a De Juana en las pautas de la política penitenciaria desarrollada por todos los Gobiernos, incluidos los del PP, desde abril de 1996. Ayer ya se lanzó la primera piedra: el Gobierno Aznar reagrupó a 43 presos -ETA reclamaba entonces el fin de la dispersión-, 13 de los cuales sumaban un total de 26 asesinatos en su sangriento historial, con la esperanza de que la banda terrorista pusiera en libertad a Ortega Lara o, al menos, no se ensañase con él.

Los datos fueron oportunamente filtrados por el PSOE y profusamente difundidos a lo largo de la jornada. Junto a las declaraciones del entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y el delegado del Gobierno, Enrique Villar. Ambos confirmarían que el reagrupamiento de presos estaba orientado a influir en los secuestradores de Ortega Lara. Nada censurable. El Gobierno hizo lo que debía hacer: procurar la libertad del funcionario de prisiones sin vulnerar la legalidad. Nadie se lo reprochó entonces y nadie se lo reprochará ahora. Como nadie le reprochó al Gobierno Suárez el pago de un rescate por Javier Rupérez en 1979 y nadie se lo reprochará jamás.

Es el nudo de la cuestión: lo que para el PP es intolerable cesión al chantaje de un terrorista, dicho sea con sonoro rasgado de vestiduras, para el Gobierno es una medida ajustada a Derecho que evita males mayores y preserva la vida de un ser humano. Y mientras el PP convoca a una rebelión cívica de todos los españoles "normales" y "sensatos", el Gobierno le reclama más responsabilidad y menos hipocresía. Con poco éxito. En vez de hacer pedagogía, el principal partido de la oposición hace demagogia. Y si sirve para desgastar al adversario, da por bien empleadas las soflamas, los insultos, los lemas insidiosos. Todos los excesos verbales que salen de las vísceras, no de la cabeza.