La plana mayor del PP en la manifestación del viernes contra el cierre de Teleasturias. Valledor, increpado. Rabanal esgrimiendo argumentos técnicos. Tini y la consejera Migoya no están por la labor de explicarse al respecto. Tengo noticia de todo esto y me pregunto por qué me habré acordado de aquello que sucedió hace ya tanto tiempo, cuando entraba en la adolescencia. Me refiero a aquella voladura, técnicamente perfecta, al decir de las crónicas y cronistas de entonces, del diario «Madrid». ¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Por qué las imágenes y los recuerdos se asocian de un modo tan inquietante? Vaya usted a saber.
¿Quién nos iba a decir, quién les iba a decir a muchos de los que pueden recordar aquello, que, pasados tantos años, soportadas tantas lluvias, sufridos tantos vendavales y otras procelosas tempestades, un Gobierno de la izquierda plural y transformadora iba a cerrar una cadena televisiva muy poco favorable a su gestión en vísperas de campaña electoral? ¿Quién nos iba a decir, quién les iba a decir, que gentes de orden nada críticas con la dictadura de aquel general, propagandistas a sueldo incluso de sus bondades, se volviesen abanderados de la libertad de expresión y se manifestaran contra el cierre de un medio de comunicación? ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué les ha pasado? ¿Qué pudo haber sucedido para que las tornas cambiasen tanto y tanto? ¡Ay!
Despedida y cierre forzados de una emisora de televisión. Es un hecho inquietante y molesto. Algo sobre lo que es obligado pronunciarse en contra. El ser y el parecer en la política, máxime si de democracia hablamos, son algo muy delicado, y la técnica jurídica que sirvió para decretar el cerrozajo tendría que haberse utilizado justo para lo contrario: para permitir que pudiera seguir emitiendo. Y, en el mejor de los casos, no parece que haya sido eso lo que se hizo por parte del Gobierno asturiano.
Cierre y clausura de una emisora de televisión que no vino siendo precisamente progubernamental. Apertura más o menos reciente de una televisión autonómica al servicio del Gobierno, como sus propios términos indican. Libros, lujosamente editados, en los que se cantaban los logros del Gobierno astur, que, en teoría, salieron de Leganés y que fueron masivamente a parar a una cuenta de la Nacional 634. Mal asunto, creo.
Crispada la derecha astur, cuya imagen más representativa es el inquieto flequillo de Ovidio Sánchez. Crispada esa otra gente de izquierdas de siempre que terminó en las cunetas, metafóricas esta vez, y que claman día tras día contra el actual Gobierno arecista. Crispado el mundo laboral tras el proceso que culminó en sentencia reciente contra los sindicalistas Cándido y Morala, por unos hechos acaecidos en Gijón, ciudad donde el gobierno municipal es de esa izquierda plural y transformadora que rige los destinos astures.
Se va esta legislatura con cierres televisivos, con libros que loan su gestión, con dos sindicalistas que pueden terminar en la cárcel, sin que el Gobierno autonómico haya manifestado la más mínima preocupación al respecto. Se va esta legislatura con una derecha más crispada que nunca, que, al tiempo que abandera la lucha contra el cierre de la referida emisora de televisión, plantea sus dudas sobre el atentado del 11-M y considera a Zapatero como la propia encarnación del maligno. Totum revolutum donde lo hubiere.
Se va esta legislatura con el desencanto más patente de muchas gentes que fueron de izquierdas y que ahora ven al actual Gobierno asturiano como una trituradora que abarató y desbarató la ideología que un día fue común en la lucha de todos ellos.
Cerrar un medio de comunicación. Asistir, como convidados de piedra, a un proceso que puede llevar a la cárcel a dos sindicalistas históricos. No son ciertamente acontecimientos que jalonan lo que podría esperarse de un Gobierno de izquierdas.
Y, por si todo ello fuera poco, el socio minoritario del actual Gobierno no puede evitar ser considerado cómplice de unos despropósitos que, sin ser en muchos casos directamente suyos, lo implican de lleno por no haber hecho eso tan digno que se conoce como una retirada a tiempo. Porque las gestiones de Valledor y de doña Laura, sin entrar a valorarlas ahora, no fueron compartimientos estancos de una actuación gubernamental que sostuvieron con sus votos.
Me pareció triste que Valledor fuera «escorrido» el otro día. Tan triste como inevitable. El puñetazo en la mesa y el abandono del barco cuando navega en sentido contrario a la carta de navegación pactada son obligados, so pena aceptar ir en el mismo barco cuyo rumbo es contrario a los designios de quienes hacen de la defensa de la libertad fortín. Y, de la coherencia política, estandarte.
Alguien debería ocuparse de analizar los malestares políticos que vivimos a día de hoy en Asturias. Izquierdistas que se sienten traicionados. Derechistas que se muestran cada día más envalentonados.
Todo ello en medio de un ambiente político de un Gobierno que censura y clausura. Y que hace del propagandismo apostolado de ruido y de furia.

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