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5 Marzo 2007

Las alas de Icaro, de Félix Martínez en El Mundo de Cataluña

SECRETOS Y MENTIRAS

Tanta discusión sobre el Estatut y sobre el autogobierno de Cataluña resulta que no obedecía a otra cosa que al capricho de un grupo de pijos de Barcelona que pretenden volar a Nueva York sin hacer escala en Madrid, centro neurálgico y cerebral del país.

Icaro logró volar. Mucho antes de que los hermanos Wright iniciaran la aviación moderna, por su puesto, si no, no tendría mérito alguno. Las actividades del padre de Icaro, Dédalo, sucedieron hace miles y miles de años, en la era de la mitología griega.Un arquitecto empeñado en construir unas alas que permitieran a los seres humanos volar, indignó al rey de Minos, que decidió encarcelar a padre e hijo, por lo que pudiera pasar. El encierro no hizo sino alentar las ansias de libertad de padre e hijo y, a pesar de su cautiverio, Dédalo logró construir unas alas de cera y plumas para su hijo. Icaro logró así volar, pero cuando, acostumbrado ya al ingenio de su padre empezó a hacer piruetas en el aire y decidió ir de excursión a ver lo que se cocía en el Sol, se aproximó tanto, que la cera se derritió e Icaro cayó al vacío para acabar convertido en poco más que materia prima para un Big Mac o un Whopper, según preferencias.

Lo que en Cataluña se ha ocultado de manera torticera y para evitar que la autoestima de los catalanes cayera por los suelos es que Dédalo adquirió la cera a un fabricante de Olesa (Barcelona) y las plumas a un granjero de Ventallops (Girona), verdaderos responsables de la tragedia de Icaro, porque le vendieron a su padre materiales defectuosos. Aquella estafa hizo que los hombres no pudieran volar hasta principios del siglo XX. La conspiración nacionalista -probablemente urdida por Jordi Pujol en los años 60, mientras cumplía condena en la prisión de Torrero- ha evitado que en Barcelona y en el resto de Cataluña se conozca el secreto. Pero todos los ministros responsables del ramo en Madrid, desde que se inaugurara el primer aeropuerto en España, están al tanto de tamaña vileza. Por eso el aeropuerto de El Prat siempre ha sido poco más que un aeródromo regional. Cómo van a tener los catalanes responsabilidad en la gestión de las cuestiones aéreas, si la primera vez que pudieron incorporarse a un gran proyecto, hace miles y miles de años, apostaron por la comida rápida en lugar de por el vuelo sin motor.

Al final, tanta discusión sobre el Estatut y sobre el autogobierno de Cataluña con su senyera, sus segadors, su pa amb tomàquet o su Pérez Tremps resulta que no obedecía a otra cosa que al capricho de un grupo de pijos de Barcelona que pretenden volar a Nueva York sin hacer escala en Madrid, centro neurálgico y cerebral del país. Pues quien no quiera pasar por Madrid, que se vaya a Londres, a París o a Amsterdam, que ellos tienen hace mucho tiempo hubs, esos centros de interconexión aeroportuaria a los que ahora les ha salido un nombre tan chic. Y si Barcelona quiere tener su hub, que se lo pague, como se pagó las autopistas en los 60 y 70, por su cuenta y sin contar con el Estado, que tiene otras prioridades que atender las quejas de esos catalanes que llevan toda la vida lloriqueando por lo mal que se les trata -en una lengua que nadie entiende ni habla, por otra parte-.

A Madrid le ha costado siglos de esfuerzos y de corrientes migratorias del resto del país para sacudirse la etiqueta de capital provinciana. Y mucho dinero, que, aunque proceda de los bolsillos de todos los contribuyentes, los catalanes los primeros, eso sí, y con vascos y navarros excluidos, ha servido para poder presumir de la portentosa T-4 con la gomina, los castellanos y las camisas Tommy Hilfiger, con anagrama pequeño y las mangas recogidas en sólo dos vueltas.

A quién le importa que AENA sea un ente público que deba ahorrar costes. Se ahorra en cualquier aeropuerto, pero no en Barajas que es el orgullo del país, la conexión de Europa con Latinoamérica. Y para que nadie pueda quejarse, las cuentas centralizadas, sin detalle alguno del rendimiento de cada aeropuerto, no vaya a ser que alguien descubra que Son Sant Joan y El Prat son los que más inversiones merecen. Además, AENA no es otra cosa que el matón de Iberia. Sí, habrá irresponsables que dirán que Iberia ya no es una compañía de bandera, administrada con intereses nacionales y no empresariales, y que recordará que los propietarios son El Corte Inglés, el BBVA y Cajamadrid. Pero, es que hay algo más ibérico que El Corte Inglés, o españoles más insignes que Paco González y Miguel Blesa, dos gestores de prestigio internacional que están en sus puestos por su dilatada trayectoria profesional, su integridad y su independencia política. Y si alguien lo duda, que tenga en cuenta que, cuando era pública, Iberia llegó a tener un presidente manco, alcohólico y ladrón, que se lo llevó crudo sólo por poner la corona real en el logotipo de la compañía.

En fin que los catalanes ya se calmarán cuando tengan el AVE, que no queda tanto. Nada tan satisfactorio como plantarse en plena estación de Atocha en menos de lo que se tarda en llegar de Sitges o Premià a Barcelona. Por si acaso Montilla, que afortunadamente no es catalán, se ha traído esta semana al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuya palabra es muy valorada en Barcelona. Tenía un aspecto tan acartonado que es para preguntarse si el que estaba con Montilla no era uno de esos retratos de cuerpo entero con una grabación que repetía las clásicas garantías del presidente: respetaré el Estatut que salga del Parlament, haré públicas las balanzas fiscales, Cataluña recibirá un trato financiero justo por primera vez en la historia, recaudaréis todos los impuestos, os cederé la Agencia Tributaria, y El Prat será un aeropuerto de primer orden internacional -aunque no se pueda volar directamente a Nueva York-...

La última promesa, precedida de tanto compromiso cumplido, avala cualquier promesa que haga el presidente del Gobierno en Cataluña.Si realmente era él el que estaba en las obras de la nueva Terminal de El Prat, resultó evidente que mientras unos viajan, otros gobiernan. Alfredo Pérez Rubalcaba enviaba al sanguinario De Juana Chaos a San Sebastián. El brutal asesino, que por otra parte y con la ley en la mano hace más de un año que debería estar en libertad, podría haberse comedido un pelín cuando llegó a Donosti. El desfile de figuras abertzales sobraba: ya era suficientemente humillante para el PSOE hacer su verdadera política antiterrorista tras un año de dedicarse exclusivamente a apagar los incendios verbales del PP en lugar de tomar decisiones. En fin, que todo tiene una explicación. Eso sí, Zapatero debería mirar las suelas de sus zapatos, no sea que lleven el sello del fabricante de Olesa que suministró la cera para las alas de Icaro.

felix.martinez@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

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